Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 275

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  4. Capítulo 275 - Los Secretos de Mu Tianwei
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Tras ver el Sello de Servidumbre en el cuello de su hijo, Mu Tianwei comprendió por qué Mu Yun hablaba con tanta seguridad, pero pronto fue invadido por una furia contenida.

¡Ouyang Ke habría arruinado la vida de su hijo si este no fuera un cultivador!

Un no cultivador marcado con un Sello de Servidumbre quedaba esclavizado para siempre, a menos que el que lo marcó decidiera liberarlo.

¡Ouyang Ke!

Mu Tianwei juró internamente que haría que Ouyang Ke pagara por ello en cuanto tuviera la oportunidad.

Le acarició la cabeza a su hijo y le preguntó:

—¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Y cómo pensabas encontrarnos?

—Sólo un par de días. Y sobre cómo encontrarlos… No lo sabía. Al principio pensé que tal vez podría pegar volantes o buscar ayuda de la mafia local. En fin, intentaría cualquier método que se me ocurriera —respondió Mu Yun.

Mu Tianwei, sintiendo un nudo en el corazón, miró a su hijo menor y le dijo:

—Tu madre y yo podemos cuidar de nosotros mismos. No tenías por qué venir hasta este lugar. Nunca habías estado en esta dimensión y hay muchas cosas que desconoces. Es muy peligroso para ti estar aquí.

—¡Esos tipos fueron a nuestra casa a intimidarlos! ¿Cómo esperas que me quede de brazos cruzados? —replicó Mu Yun con el tono de quien afirma que uno más uno es dos.

Mu Tianwei se sintió gratificado al ver que su hijo realmente había madurado, que era mucho más sensato y responsable que antes, y que podía estar tranquilo sabiendo que ahora sabría cómo enfrentarse a esa clase de personas.

—Padre, ¿no se supone que no eres un cultivador? ¿Cómo es que estás aquí? ¿Y por qué tengo la sensación de que eres bastante respetado en este lugar? —expresó Mu Yun con desconcierto.

Mu Tianwei, ya sin intención de ocultarle la verdad a su hijo, suspiró levemente y dijo:

—Aquí es donde crecí… y donde conocí a tu madre.

Mu Yun lo miró, atónito.

—¿Padre, eres originario de esta dimensión? ¡¿Entonces por qué no cultivabas?!

—Claro que cultivé —respondió Mu Tianwei—. Pero por… algo desagradable, rompí con mi clan y decidí marcharme. Sin embargo, mis parientes, temerosos de que algún día regresara a vengarme, se negaron a dejarme ir. Para tranquilizarlos, tu madre y yo renunciamos a nuestros poderes. Después de eso, dejamos esta dimensión.

Su expresión era tranquila al contar la historia, pero cualquiera que lo conociera bien sabría que estaba furioso.

—Renuncié a mis poderes para demostrarles mi determinación, pero aún así no nos dejaron en paz. Tu madre y yo no habríamos vivido tranquilos más de veinte años si no me hubiera llevado algo cuando partimos, algo que nos ayudó a eludirlos. Aun así, ya pasó el tiempo en que podíamos mantenernos ocultos —concluyó Mu Tianwei.

No le dijo a Mu Yun que los poderes que había demostrado habían atraído la atención de sus antiguos parientes, quienes ya habían enviado gente para capturarlo.

Nunca se le pasó por la cabeza impedir que su hijo cultivara, porque sabía que incluso si su hijo permanecía como no cultivador, la vida pacífica de la familia tarde o temprano llegaría a su fin. Era solo cuestión de tiempo antes de que su clan los encontrara.

Prefería que sus hijos se volvieran más fuertes a quedarse de brazos cruzados viendo cómo su esposa y sus hijos eran arrastrados al abismo.

Su hijo mayor no tenía interés en cultivar, y Mu Tianwei nunca lo forzó. Al principio pensó que Mu Yun tampoco tenía interés, pero un día este empezó a comportarse de forma extraña y a cultivar. Y ahora, Mu Yun parecía haberse convertido en un cultivador bastante poderoso.

Mu Yun, tras escuchar todo, se sintió furioso. ¡Esa gente que había tratado de dañar a su padre eran sus propios parientes! ¿Por qué hacían eso a alguien de su propia sangre? ¿Qué podía ser tan grave como para ignorar los lazos familiares?

—Padre, ¿por qué hacen esto contigo? —preguntó.

El rostro de Mu Tianwei se endureció un momento, luego miró a su hijo con una sonrisa y dijo:

—Yun, no te preocupes por eso. Yo puedo manejarlo.

Mu Yun frunció el ceño. ¿Por qué su padre no quería contarle la verdad?

Mu Tianwei jamás se la diría. La situación en su clan era demasiado complicada. Una profecía hecha por un anciano sobre Mu Yun había afectado a todo el clan. Para protegerlo, había hecho un trato con ellos, entregándoles algo muy importante. Por el momento no era probable que le hicieran daño a Mu Yun, pero eso no era una solución permanente. Debía encontrar una forma definitiva de resolverlo cuanto antes…

Ya que su padre no quería hablar, Mu Yun no insistió.

“¡Lo averiguaré por mi cuenta!” pensó.

Para cambiar de tema, preguntó:

—Padre, ¿y Xuan? ¿Dónde está?

El rostro de Mu Tianwei cambió de inmediato. Evitando la mirada de su hijo, respondió:

—Está bien. No te preocupes. Ven, te llevaré con tu madre. Te extraña mucho y ha estado llorando bastante. Necesita verte, consolarse, que la acompañes un poco.

—¡Está bien! —Mu Yun asintió, aunque notó claramente el cambio en el rostro de su padre. Supo en ese instante que su hermano estaba en problemas.

Siguió a su padre hasta la puerta de una de las habitaciones del club. Mu Tianwei le dijo:

—Tu madre está descansando aquí. Entra. Necesita tu compañía. Yo hablaré con Feng.

—De acuerdo —respondió Mu Yun, abriendo la puerta con la llave que le había entregado su padre y entrando en la habitación.

Lu Min estaba sentada en una tumbona junto a la ventana, leyendo un libro mientras sonaba música suave. De vez en cuando se acomodaba el cabello, pero sus ojos no se despegaban del texto.

Al escuchar que se abría la puerta, pensó que era su esposo y dijo sin levantar la cabeza:

—Amor, hice sopa. Está ahí. Pruébala.

Mu Yun siempre supo que el matrimonio de sus padres era de amor genuino. Durante los años que su padre dirigió su empresa, muchas mujeres bellas intentaron seducirlo, ofreciéndose como amantes sabiendo que no podrían sustituir a su esposa. Pero su padre siempre fue fiel, y la relación entre sus padres había sido muy sólida.

Le sorprendía que su madre, en sus treinta y tantos, aún se viera tan joven. Quizá era el amor de su esposo lo que le permitía envejecer al revés.

—Mamá, encontrarla no fue nada fácil y ni siquiera me volteas a ver —dijo Mu Yun con voz herida.

En cuanto Lu Min escuchó la voz de su hijo, el libro cayó de sus manos, levantó la cabeza bruscamente como si hubiera recibido una descarga, y al instante se puso de pie, sin siquiera ponerse los zapatos. Corrió hacia él con lágrimas cayendo por sus mejillas, pero con una gran sonrisa en los labios y asombro en los ojos.

—¡Yun, hijo mío! ¡¿Q-Qué haces aquí?! —preguntó sin saber que su rostro había estado en todas las pantallas de la ciudad. Mu Tianwei se lo había ocultado para no preocuparla.

—¡Vine a buscarlos! ¿Cómo pudieron hacerme esto? ¡No puedo creer que me dejaran solo en el Monte Wu y se vinieran a viajar en secreto! —dijo Mu Yun, fingiendo indignación.

Lu Min, naturalmente, entendió que su hijo intentaba alegrarla. Lo abrazó con fuerza y dijo:

—Sí, todo fue culpa nuestra. No debimos dejarte solo. Prometo que no volverá a pasar.

—Está bien —asintió Mu Yun.

Madre e hijo tenían tanto de qué ponerse al día que toda la sopa que Lu Min había preparado para su esposo terminó en el estómago de Mu Yun.

…

Mientras tanto, Mu Tianwei invitó a Luo Feng a su oficina. Una vez sentados en el sofá, le preguntó:

—¿Cómo entraron ustedes aquí? ¿Quién les dio los pases?

—Mu Yun dijo que lo recibió de un anciano, pero no tengo idea de quién es. Nunca lo vi, ni sé cuándo lo conoció —respondió Luo Feng.

—¿Un anciano? —Mu Tianwei quedó algo sorprendido. ¿Por qué alguien le había dado un pase a su hijo? ¿Era una trampa, o algo más?

—Tío Mu, ¿dónde está Mu Xuan? —preguntó Luo Feng.

Estaba seguro de que Mu Yun quería saber sobre su hermano, pero viendo que Mu Tianwei lo ocultaba, era evidente que algo no iba bien con él.

—Lo preguntas por Yun, ¿verdad? No voy a decírtelo. Debes llevarte a Yun cuando salga. No es seguro que se quede conmigo. Te daré un juego de llaves, es de una casa que compré pero nunca ocupé. Quiero que lleves a Yun ahí. Es un lugar muy seguro —dijo Mu Tianwei, sacando unas llaves y colocándolas sobre la mesa frente a Luo Feng.

Luo Feng las tomó sin dudar y respondió:

—Tío Mu, entiendo que quiere proteger a Yun y evitar que corra peligro, pero he estado con él suficiente tiempo como para saber que lo que más desea es que usted sea honesto. No sabe por todo lo que pasamos para llegar aquí. Arriesgó su vida para encontrarlos… y usted aún se niega a decirle la verdad.

Tras un momento de silencio, Mu Tianwei dijo:

—Sé a qué te refieres, pero este asunto no es lo que parece. Es demasiado complejo. No quiero que Yun se vea arrastrado a esto. Espero que te lo lleves de esta dimensión. Regresen al Monte Wu, a Ciudad Du, a la capital, a donde sea, mientras estén lejos de este lugar.

—Tío Mu, tengo que decirle que eso no va a pasar. Mu Yun no se va a ir y dejar a su familia aquí —replicó Luo Feng.

Mu Tianwei suspiró y, sin querer seguir discutiendo, dijo:

—No digas más. Llévalo después del almuerzo.

Se levantó, caminó detrás de su escritorio, se sentó y comenzó a revisar papeles, como dando por concluida la charla.

Luo Feng no insistió y simplemente esperó en silencio el regreso de Mu Yun.

Al mediodía almorzaron juntos. Lu Min seguía sirviéndole a su hijo sus platillos favoritos, como si quisiera que los probara todos de una vez.

Al ver su tazón rebosando de comida, Mu Yun se quejó:

—Mamá, ¿cómo se supone que coma si está hasta el tope?

Lu Min se echó a reír:

—¡Empieza desde arriba! No hace daño comer un poco de más.

—Está bien —dijo Mu Yun, tomando una sopa y luego el tazón lleno de arroz con varios guisados.

Después de la comida, Lu Min parecía querer decir algo, pero Mu Tianwei la abrazó y dijo:

—Yun, le di a Feng un juego de llaves. Quiero que vivan en esa casa. Pueden visitarnos cuando quieran.

—De acuerdo. ¡Nos vemos pronto, padre, madre! —se despidió Mu Yun, saliendo con Luo Feng.

Ya lejos del club, la sonrisa de Mu Yun se desvaneció. Miró a Luo Feng y le preguntó:

—¿Mi padre te dijo algo?

Luo Feng negó con la cabeza.

—No. Sólo me dio unas llaves. Tranquilo. Vamos a esa casa a descansar. Luego te llevaré a otro sitio. Hay otra imagen en mi mente y quiero ir a ver qué hay.

—¿Qué tipo de lugar es?

—Parece una secta, y creo que está algo lejos. Tendremos que ir en auto —respondió Luo Feng tras pensarlo.

—¡Perfecto!

…

Mu Yun y Luo Feng apenas se habían ido cuando Mu Tianwei pidió que le trajeran unos documentos sobre la familia Ouyang.

—¿Qué pasa, amor? ¿Por qué te interesa de pronto la familia Ouyang? —preguntó Lu Min.

—¡Ese tipo se atrevió a ponerle un Sello de Servidumbre a Yun! —respondió Mu Tianwei con frialdad.

El rostro de Lu Min se tornó sombrío.

—Humph. ¡Nos hemos sacrificado al volver aquí, y ese imbécil se atreve a dañar a nuestro hijo! ¡Vamos a usarlo de saco de boxeo!

¡CRACK!

El bolígrafo en su mano se partió. Mu Tianwei miró el objeto roto y, tomándole la mano, dijo:

—¿Por qué tanta fuerza? Podrías haberte lastimado. Ese sujeto no es más que un matón local. No hace falta que te lo tomes tan a pecho.

Lu Min iba a decir algo, pero de pronto pareció recordar algo. Giró hacia su esposo y preguntó:

—¿Por qué Yun no se encargó él mismo de ese sujeto? Es cultivador, y con el Sello podría incapacitarlo totalmente.

—Tal vez aún necesita a la familia Ouyang para algo —respondió Mu Tianwei.

—Entonces hay que ir con cuidado. Si lo eliminamos, no podríamos justificarnos con Yun.

—Está bien —asintió Mu Tianwei.

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