Amar al hombre más guapo de la capital - Capítulo 271

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  4. Capítulo 271 - Una Marca de Servidumbre
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Mirando las puertas delanteras cerradas con fuerza del bar, apoyado contra el frente de su auto, Ouyang Chen exhaló un anillo de humo, su rostro inescrutable sin revelar mucho.

Ouyang Wen, sin embargo, dio un par de patadas irritadas a las puertas y maldijo en voz alta.

Habían escaneado el bar con su sentido espiritual y descubrieron que estaba desierto.

—¡Hermano, no puedo creer que ese bastardo haya huido tan rápido! —bufó Ouyang Wen.

—Sí que huyó bastante rápido. Parece que sabía que yo venía —respondió Ouyang Chen con una voz fría impregnada de desagrado. Al escuchar esto, un guardaespaldas que estaba a un lado tembló y comprendió que Zhong Yong probablemente acabaría muerto la próxima vez que cayera en manos de Ouyang Chen.

—Joven Maestro Chen, seguimos sin poder encontrar ninguna información sobre la persona que ha estado protegiendo a ese tipo —reportó un hombre que se acercó a Ouyang Chen.

Ouyang Chen soltó una carcajada repentina y al instante siguiente le soltó un puñetazo en la cara al interlocutor.

—¿No pudieron? Dime, ¿qué clase de fuerza podría ser tan poderosa como para que ni siquiera la familia Ouyang pudiera averiguar nada al respecto? ¿De verdad esperas que me crea que hay una fuerza así en la Ciudad Wen?

El hombre, temblando de pies a cabeza, sabía que Ouyang Chen estaba furioso, pero realmente no había podido averiguar quién era esa persona.

—Hermano, ¿crees que sea posible que ese tipo sea miembro de alguna familia influyente? —preguntó Ouyang Wen.

—Es difícil decirlo. Ahora que ni siquiera nosotros pudimos descubrir nada, debemos ir a pedirle ayuda a nuestro hermano mayor —dijo Ouyang Chen, abriendo la puerta del auto y sentándose en el asiento trasero. Ouyang Wen se apresuró a seguirlo.

…

—¿Qué es este lugar? —preguntó Mu Yun a Luo Feng, que estaba a su lado, girando ligeramente la cabeza mientras mantenía los ojos fijos en la casa frente a ellos.

—Tampoco lo sé, pero tengo algunas imágenes de esta casa en mis recuerdos —respondió Luo Feng.

—Entonces vamos a entrar y echar un vistazo.

Cuando llegaron a la puerta, Mu Yun extendió la mano y estaba a punto de empujarla, pero Luo Feng presionó un punto particular en la pared junto al marco de la puerta y con eso, la puerta se abrió lentamente, emitiendo música alegre y fuerte desde el interior.

—Así que es un lugar público de entretenimiento. Pensé que era una vivienda —dijo Mu Yun, siguiendo a Luo Feng al interior mientras echaba un vistazo a su alrededor.

Luo Feng extendió un brazo con la intención de acercar a Mu Yun y decirle que no se alejara, pero no tocó nada. Giró la cabeza solo para descubrir que Mu Yun ya no estaba cerca. Inmediatamente empezó a buscarlo por todas partes y tras unos momentos lo divisó frente a una mesa.

Suspiró aliviado y se apresuró a acercarse, solo para ver a Mu Yun arrojar una moneda espiritual sobre la mesa mientras decía:

—¡Una en chico!

Resultó que era una pequeña mesa de apuestas. Originalmente había cinco apostadores y ahora, con la llegada de Mu Yun, ya eran seis jugadores.

Al escuchar que Mu Yun apostaba en chico, los otros cinco lo miraron y uno de ellos se burló:

—Esto sí que es nuevo. Un no-cultivador atreviéndose a venir a este lugar a apostar. Tienes agallas, amigo.

—¿Acaso los no-cultivadores no pueden entrar aquí o qué? —preguntó Mu Yun.

—¿No te da miedo acabar empeñando hasta los calzones para pagar tus pérdidas aquí? —bromeó otro, provocando carcajadas entre todos.

Mu Yun arqueó las cejas y, sacando las monedas espirituales que Luo Feng le había dado antes de venir, dijo:

—Pues veámoslo, ¿no?

Luo Feng, parado justo detrás de Mu Yun, observaba en silencio. No intentó detenerlo, pero sí mantenía a Mu Yun bajo su protección. Si alguien intentaba hacerle daño, podría ponerlo a salvo de inmediato.

—¡Muy bien! Solo no vayas a llorar cuando pierdas todo tu dinero —dijo el hombre, y con eso los otros apostadores se concentraron en el crupier, quien destapó la caja de dados, revelando los puntos. Al ver el resultado, Mu Yun barrió todas las monedas espirituales hacia sí y exclamó:

—¿Y que decían? ¿Le seguimos?

Los otros, reacios a admitir la derrota, golpearon la mesa y dijeron con determinación:

—¡Claro que sí!

El crupier recogió los dados, los lanzó a la caja y, tras agitarla un momento, la puso de nuevo sobre la mesa boca abajo. Mu Yun empujó todas sus monedas al área de “CHICO” y dijo:

—Chico.

Los cinco jugadores rieron al verlo apostar de nuevo a chico. Miraron la caja y apostaron todos a grande.

Sin embargo, al destapar la caja, el resultado fue otra vez chico. Los cinco apostadores señalaron a Mu Yun y gritaron:

—¡Estás haciendo trampa!

Mu Yun sonrió:

—¿Son tontos o qué? Recuerden que soy un no-cultivador, ¿cómo se supone que haga trampa frente a un grupo de cultivadores?

Los demás se quedaron sin palabras, sin poder contradecirlo. Pero, por supuesto, no pensaban dejar que Mu Yun se marchara con su dinero tan fácilmente, como lo indicaba la atmósfera que empezaron a emitir.

Mu Yun, apoyando las manos en la mesa, dijo:

—Vamos a jugar una última ronda. El que gane se lleva todo. ¿Se atreven?

—¿Estás seguro de eso, amigo? —se burló un tipo con barba incipiente.

—Más que seguro. Lo que me preocupa es que ustedes no tengan los pantalones para aceptar —replicó Mu Yun.

—¡Tenemos más pantalones que tú! —replicó uno de los jugadores.

—Entonces, ¿qué esperamos? —Mu Yun apostó nuevamente todas sus monedas y dijo sin rodeos—: ¡El que gane se lleva todo!

El crupier tuvo ganas de advertirle a Mu Yun que, ganara o perdiera, no lo dejarían salir de ahí. Pero, como empleado común y cultivador promedio, no se atrevía a contrariar a esos jugadores, así que solo pudo callarse, recogió la caja de dados y comenzó a agitarla.

Sin embargo, justo cuando puso la caja sobre la mesa, Mu Yun de repente le agarró la mano a uno de los jugadores y le dijo:

—Últimamente has estado mareándote en las noches, ¿verdad? Con rigidez en las extremidades y frecuentes hemorragias nasales.

El hombre levantó la mirada sorprendido:

—¡¿Cómo sabes eso?! ¡¿Puedes curarme?!

—Sí puedo —respondió Mu Yun.

El hombre se emocionó. Había buscado la ayuda de muchos doctores sin éxito.

Pero luego se contuvo, mirando a Mu Yun con desconfianza:

—¡Tú eres un no-cultivador! No sabes nada.

Mu Yun le metió una pastilla en la boca y dijo:

—Circula tu Qi.

El hombre quiso golpear a Mu Yun, pero fue detenido por Luo Feng, que, más alto y emitiendo un aura intimidante, lo hizo retroceder involuntariamente. Estaba por pedir ayuda cuando, tras intentar circular un poco de Qi, su expresión cambió por completo.

—¡¿Q-qué fue eso que me diste, amigo?! ¿De verdad puede curarme?

Se acercó, pero Luo Feng lo detuvo:

—Puedes hablar desde ahí. No me gusta que te le acerques.

El hombre asintió incómodo, y entonces Mu Yun le dijo:

—Sí, este medicamento puede curarte. Pero tienes que prometer que si gano, me dejarán ir sin problemas.

—Eh… —el hombre se sorprendió de que Mu Yun adivinara sus intenciones. Después de todo, la salud era más importante que el orgullo.

“¡La salud va primero!”, pensó.

Así que le prometió apresuradamente:

—¡Hecho!

Luego miró a los otros cuatro y les dijo:

—Soy Liu Guang, patriarca de la familia Liu. Les pido el favor de que lo dejen ir. ¿Qué dicen?

Los demás se sorprendieron. No sabían que Liu Guang era el patriarca de la familia Liu, alguien que no podían ofender. Aunque con renuencia, no tuvieron más opción que aceptar.

—¿Qué remedio? Tú mandas, patriarca Liu.

Mu Yun volvió a ganar. Había llegado con veinte monedas espirituales y ahora tenía varias centenas.

Sacó un frasco de su bolsillo, se lo entregó a Liu Guang y le dijo:

—Toma una cada noche antes de dormir. Estarás como nuevo en una semana.

—¡Gracias, amigo! —dijo Liu Guang agradecido. Estaba seguro de que el medicamento lo curaría, pues cuando circuló su Qi, su cuerpo reaccionó de manera muy distinta.

Nunca pensó que este joven, un supuesto no-cultivador, pudiera curarlo.

Quizá este chico no era un no-cultivador… Tal vez era un cultivador con sus poderes suprimidos…

Mu Yun guardó sus ganancias en una bolsa, se la entregó a Luo Feng y dijo:

—¡Vamos a depositarlas! ¡Qué noche tan productiva!

—¿Ya recuperaste tu Qi? —preguntó Luo Feng, extrañado de que Mu Yun hubiera ganado sin su ayuda.

—Puedo hacer magia —bromeó Mu Yun. En realidad, no había recuperado su Qi; fue un truco lo que le permitió ganar.

En su vida anterior, era un maestro en los dados, y su habilidad era inigualable. Aunque los jugadores habían manipulado los dados, logró vencerlos.

Pero al escuchar la pregunta de Luo Feng, recordó sus poderes especiales. Su Qi no se había restaurado aún, pero sus poderes especiales sí, desde esa mañana.

Ahora podía identificar de un vistazo el nivel de un cultivador, aunque aún no sabía cuándo recuperaría su Qi.

Mientras pensaba en esto, de nuevo vio una figura familiar. Corrió tras ella, pero como la vez anterior, desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

Luo Feng lo alcanzó:

—¿Qué pasa? ¿Viste a tu padre otra vez?

—Sí, pero se esfumó como la otra vez —respondió Mu Yun con el rostro ahora preocupado.

Esta vez estaba seguro de que era su padre. Antes había pensado que podía ser alguien que se le parecía, pero ahora sabía que ese hombre no tenía Qi, era un no-cultivador. ¡Definitivamente era su padre!

—Me pregunto si Yong ha averiguado algo —dijo Mu Yun.

—Tranquilo. Si acabas de verlo, significa que está sano y salvo —lo consoló Luo Feng.

—Tienes razón. Además, con lo “famoso” que me he vuelto, seguro que mi padre ya sabe que estoy en esta dimensión —comentó Mu Yun.

—Vamos a depositar las monedas primero, y después salimos a divertirnos… si tienes ganas —propuso Luo Feng.

—Vale.

Después de depositar el dinero, Mu Yun quiso volver al lugar anterior, pero Luo Feng lo disuadió:

—No es buena idea. Es un sitio de puro entretenimiento y con todo tipo de gente. Además, después de haber ganado tanto, seguro que ya te tienen en la mira. Es mejor ir a otro lado.

—Está bien —aceptó Mu Yun, y al ver una librería adelante, jaló a Luo Feng—: Vamos a comprar un mapa, así no estaremos vagando sin rumbo y de paso le preguntamos al dependiente por lugares interesantes.

—Buena idea.

Entraron, compraron algunos libros y un mapa, obtuvieron información del dependiente y se marcharon.

—Primero vamos a este restaurante elegante —sugirió Mu Yun, señalando hacia un local recomendado por el dependiente.

—De acuerdo… ¡CUIDADO! —Luo Feng lo jaló y lanzó un objeto que desvió un destello brillante que venía hacia Mu Yun.

No se detuvo a averiguar qué era, sino que rápidamente se volvió hacia Mu Yun.

Mu Yun huía de un hombre que había aparecido repentinamente tras de él. Aunque no tenía Qi, dominaba técnicas de kung fu en minutos. Sin embargo, estas no eran rival para un cultivador. Mientras intentaba escapar, sintió un ardor repentino y agudo en la nuca que lo hizo gritar de dolor:

—¡¡AARGH!!

Luo Feng cortó al atacante con un latigazo y corrió hacia Mu Yun para sostenerlo. Al ver su rostro lleno de agonía, le revisó la nuca y encontró un patrón redondo grabado en la piel.

En ese momento, un transeúnte exclamó alarmado:

—¡Una Marca de Servidumbre! ¡Le han puesto una Marca de Servidumbre!

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