Acabo de convertirme en mago, ¿por qué mis habilidades se han vuelto conscientes - Capítulo 416

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  4. Capítulo 416 - ¿Lin Mo, verdad? En cuanto aparezca, lo colgaré de la pared
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Un momento después, la puerta de la habitación volvió a abrirse.

Un grupo de cinco personas entró.

El joven que iba al frente recorrió la habitación con la mirada hasta detenerla en Brock.

—Usted debe ser el jefe Brock, ¿verdad?

El joven asintió levemente.

—Permítame presentarme. Me llamo Victor.

Los presentes alzaron la vista hacia él.

Victor vestía una gabardina de color negro intenso y llevaba el cabello perfectamente peinado.

Tenía la piel clara y ni una sola cicatriz en el rostro.

De pie en aquella habitación repleta de huesos humanos y botellas vacías, parecía completamente fuera de lugar.

Damon lo examinó de arriba abajo y soltó una risa desdeñosa.

Rex entrecerró los ojos, pero no dijo nada.

Ambos grupos se observaron durante unos segundos.

Finalmente, Brock habló:

—¿Victor?

—¿Te envió el anciano Morgan? ¿Cuál es la misión?

Victor no perdió el tiempo y respondió directamente:

—Matar a una persona.

—Es del Reino Dragón y se llama Lin Mo. No es seguro que entre en la Tierra de Caza, pero, en cuanto sea localizado, deberán reunir todas sus fuerzas y cercarlo para matarlo.

Al escuchar aquello, Brock arqueó ligeramente una ceja.

¿Reunir todas sus fuerzas para cercarlo y matarlo?

Que el anciano Morgan hubiera enviado personalmente a alguien hasta allí para transmitir aquella misión, y que además hubiera empleado semejantes palabras, significaba que aquel sujeto no debía ser alguien común.

Brock miró a Victor.

—¿Qué nivel de fuerza tiene ese tal Lin Mo?

Victor respondió:

—Según la información que conocemos hasta ahora, tiene dieciocho años y es un Rey Mago de todos los elementos.

En cuanto terminó de hablar, Brock se quedó visiblemente desconcertado.

—¿Un… Rey Mago?

Su tono parecía pedirle a Victor que confirmara lo que acababa de decir.

Sin embargo, Victor no respondió.

Tras unos segundos de silencio, Brock miró a Damon y Rex antes de comenzar a reír.

—Jajaja…

—¡Jajajajaja!

—A ver, tú eres Victor, ¿verdad? Repítelo. ¿Te refieres al Rey Mago de rango Alto?

—Sí. Eso indica la información disponible. Sin embargo, el anciano Pierce sospecha que existe cierta posibilidad de que ya haya alcanzado el rango Trascendente.

Victor asintió y respondió sin expresión.

Después de escucharlo, Brock lo miró fijamente durante un par de segundos.

Entonces volvió a reírse.

Esta vez, con mucha más fuerza.

—¡Jajajajajaja!

—¡Bang!

Brock golpeó la mesa con la palma, haciendo tintinear las botellas vacías.

—¡No digas estupideces!

—¿Un Trascendente de dieciocho años?

—¿Acaso el anciano Pierce tiene la cabeza llena de mierda últimamente? ¿Cómo puede siquiera decir una suposición tan absurda?

—¡Si de verdad existe alguien así, me arrancaré la cabeza y se la daré para que la use de orinal!

Al escuchar aquello, Damon, que estaba sentado con las piernas cruzadas, chasqueó la lengua.

—Tsk, tsk, tsk…

—Los tipos del País del Sol Naciente que matamos anteayer y el escuadrón completo del País Han de la semana pasada estaban dirigidos por Trascendentes.

—¿Qué demonios estarán pensando los de afuera? ¿Reunir a todos para cercar a un mocoso de rango Alto?

—¿No les da vergüenza?

Al escuchar a aquellos lunáticos, Victor frunció el ceño, visiblemente disgustado.

Después de todo, él había sido enviado por el anciano Morgan y había llegado con una misión.

Sin embargo, aquellos hombres no dejaban de soltar insultos y decir que los ancianos tenían mierda en la cabeza.

¿Todos los que se encontraban en la Tierra de Caza eran así de arrogantes?

Victor miró a Brock y su voz se volvió fría.

—Jefe Brock.

—Esto no solo viene del anciano Morgan. Es una orden directa del Gran Anciano. ¿Está cuestionando usted la orden del Gran Anciano?

En cuanto terminó de hablar, las risas de la habitación cesaron.

Brock miró fríamente a Victor, se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia él.

Un paso.

Dos pasos.

Hasta detenerse justo delante de Victor y clavarle la mirada.

—Muchacho.

—¿Acabas de intentar intimidarme usando el nombre del Gran Anciano?

Al oír aquello, Victor retrocedió instintivamente un paso.

Era evidente que aquella presencia propia de un lunático lo había intimidado.

Brock soltó una risa fría.

—¿Sabes por qué vine a la Tierra de Caza?

—Porque afuera maté a demasiada gente. Tanta que ya ni siquiera podía recordarla. Tanta que… dejó de ser divertido.

—Por eso vine a este maldito lugar, para encontrar algo de entretenimiento.

—¿De verdad crees que me asustan los supuestos altos mandos?

Brock extendió bruscamente la mano y sujetó a Victor por el cuello.

—Grábatelo bien.

—Si vuelves a intentar presionarme usando el nombre de cualquier persona…

—Te mataré ahora mismo, te arrancaré los huesos y los colgaré de esa pared.

Mientras hablaba, Brock señaló los adornos hechos con huesos humanos.

Bajo la tenue iluminación, aquellos huesos emitían un brillo pálido y siniestro.

Victor había quedado completamente intimidado.

Los lunáticos que sobrevivían en la Tierra de Caza no podían compararse con profesionales como él, acostumbrados a abusar de su poder en el mundo exterior.

Su tono se suavizó de inmediato.

—Jefe Brock…

—Yo…

—No pretendía intimidarlo usando el nombre de nadie…

Como Brock lo sujetaba por el cuello, Victor tenía evidentes dificultades para respirar.

Aun así, continuó:

—Solo he venido a transmitir la orden. El Gran Anciano exige que, sin importar el precio, ese hombre llamado Lin Mo muera.

Brock observó el estado en que se encontraba Victor.

Solo después de unos segundos lo soltó, regresó a su asiento y volvió a cruzar las piernas.

—Je.

—Así está mejor.

Miró a Victor y sonrió.

—Victor, ¿verdad? No me importa quién seas afuera ni para quién trabajes.

—En cuanto entras en este lugar, eres un novato.

—Y un novato debe comportarse como tal. ¿Entendido?

Victor asintió.

—Entendido.

Al ver su expresión reprimida y humillada, Brock finalmente se sintió satisfecho.

Se recostó contra el respaldo.

—Bien. Ya que es una orden del Gran Anciano, colaboraré.

—¿Cercar y matar a un mocoso de rango Alto…?

Brock negó con la cabeza y soltó una risa burlona.

—Tsk, tsk, tsk.

—Hasta me daría vergüenza contarlo.

Acto seguido, gritó hacia el exterior:

—¡Marcus!

Un hombre calvo y corpulento abrió la puerta y entró.

Brock se puso de pie y le ordenó:

—Ve y reúne a todos los que están en el campamento. Rodeen las veintiocho entradas de teletransporte del primer piso.

—¿Ah?

Marcus se quedó desconcertado.

—¿Que salgamos todos y cerquemos cada entrada? ¿Para qué semejante despliegue? ¿A quién vamos a matar?

Brock resopló.

—A un mocoso del Reino Dragón. Tiene dieciocho años y es de rango Alto.

—¿Un rango Alto de dieciocho años?

Marcus pensó que había oído mal.

—Brock, ¿no estarás bromeando?

Brock agitó la mano.

—Ya basta de preguntas. Solo es un mocoso. Rodeen todas las entradas y, en cuanto se atreva a entrar, mátenlo de inmediato. Después podremos retirarnos.

—Vigilaremos hasta esta noche. Si no aparece, primero iremos a arrasar la base principal del Reino Dragón y luego volveremos para seguir esperando.

Marcus se rascó la cabeza calva. Aunque estaba lleno de dudas, no hizo más preguntas.

Asintió, se dio la vuelta y salió.

Damon, a un lado, ya estaba exultante.

—¡Vaya!

—¡Lo que más me gusta en este maldito mundo es bloquear entradas!

Brock lo miró y lo reprendió entre risas.

—Damon, cuando aparezca ese mocoso, no vayas a terminar arruinándolo.

Al escucharlo, Damon se enfureció tanto que hasta la cicatriz de su rostro pareció torcerse.

—¿Arruinarlo?

—Brock, si dices que puedo fallar al enfrentarme a varios Trascendentes del País del Sol Naciente o al atacar la base del Reino Dragón, no te discutiré.

—¡¿Pero dices que podría fallar contra un mocoso de dieciocho años del Reino Dragón?!

—¡Como sigas hablando así, me voy a enfadar de verdad!

Brock agitó la mano.

—Sí, sí. Tú eres el mejor, ¿contento?

Después miró al grupo de Victor, que todavía permanecía de pie, señaló los adornos de huesos humanos colgados en la pared y dijo:

—Ya está.

—Quédense tranquilos. Solo es un mocoso de dieciocho años. Si de verdad se atreve a entrar, les garantizo que lo colgaré de esa pared.

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