A partir de ahora, pedir matrimonio es la única forma de sobrevivir - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8
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Ante el brusco estallido de Shin-Yeon, Seol Yi-Jun le lanzó una mirada fría. Luego puso el auto en marcha y aceleró.

—Shin-Yeon, entiendo que estés frustrado. Entiendo que estés haciendo esto por tu familia. Pero nos tienes a nosotros. Mientras estemos aquí, no vas a terminar en la calle.

Ji Won-Min lo atrajo hacia sus brazos y le dio suaves palmaditas, apoyando ligeramente el mentón sobre su hombro. Sin embargo, mientras pensaba, sus ojos permanecían fríos.

—O… uno de nosotros podría comprometerse contigo.

—…¿Qué?

Won-Min levantó la cabeza, sostuvo la mirada de Shin-Yeon y sonrió cálidamente.

—Quizá no podamos aportar diez mil millones, pero aun así podríamos ayudar. Tampoco es que estemos pasando dificultades económicas.

—¡¿Qué clase de tontería es esa?! ¡Seol Yi-Jun, por qué te quedas callado justo ahora!

Sobresaltado, Shin-Yeon apartó a Won-Min de un empujón mientras gritaba. Yi-Jun respondió con expresión seria.

—No está equivocado. Como mínimo, no dejaremos que tú y tus padres terminen en la calle. Si de verdad las cosas llegan a ese punto, casarte con uno de nosotros sería la mejor opción.

—¡Están locos! ¡¿Cómo se supone que vamos a casarnos?! ¡¿Desde cuándo la gente se casa por amistad?!

Ante el grito incrédulo de Shin-Yeon, el silencio llenó el auto.

Ni Yi-Jun ni Won-Min lo negaron. Simplemente lo observaron con calma.

En medio del silencio, Yi-Jun lo miró por el espejo retrovisor y sonrió de lado.

—Primero «amigo», después «bebé» y luego «cariño». ¿Quieres que empiece a llamarte así desde hoy?

—¡Vuelve a decir eso y te rompo los dientes! ¡En serio, tienes que dejar de ver dramas!

—Es bastante común que dos amigos terminen juntos.

Mientras Shin-Yeon insultaba a sus amigos, que de repente parecían haberse vuelto unos delirantes, un pensamiento cruzó por su mente.

¿Así se siente Seo Kyo-Shin cuando tiene que lidiar conmigo?

Aquello lo desanimó todavía más.

Un rato después, Yi-Jun lo llevó a un enorme museo de arte.

—¿Por qué estamos aquí?

—Una amiga de mi hermana mayor está haciendo una exposición. Me pidió que pasara a felicitarla. Hay un restaurante muy bueno en el edificio de al lado. Comeremos ahí.

Al escuchar aquello, Shin-Yeon bajó la mirada hacia la ropa descuidada que llevaba y luego miró a Won-Min, que estaba a su lado.

…Ahora que se fijaba, ambos iban vestidos con estilo y perfectamente arreglados.

—¡¿Por qué no me dijeron?! ¡Me habría vestido mejor!

Con una sonrisa amable, Won-Min arregló ligeramente el cabello de Shin-Yeon.

—Eres bonito incluso sin arreglarte. Está bien.

—¿Ustedes dos planearon esto solo para avergonzarme y burlarse de mí?

—Claro que no.

Justo cuando Shin-Yeon estaba a punto de replicar, Yi-Jun sacó una gran bolsa de compras de la cajuela.

Clic.

Abrió la puerta trasera y dejó caer la bolsa en brazos de Shin-Yeon, que prácticamente tenía los pelos de punta.

—Ponte esto si quieres. Won-Min, sal.

Después de que Won-Min bajara, Shin-Yeon forcejeó durante un rato en el asiento trasero antes de salir finalmente.

—¿Quieres pelear?

Vestido con un suéter negro y prácticamente enterrado dentro de una chaqueta de borrego, Shin-Yeon fulminó a Yi-Jun con la mirada.

Con sus 187 centímetros de altura y siendo un alfa dominante, Yi-Jun tenía una constitución completamente distinta. Su ropa le quedaba enorme a Shin-Yeon, que era catorce centímetros más bajo.

—La ropa holgada está de moda últimamente. Ven, te doblaré las mangas.

Ante la reacción malhumorada de Shin-Yeon, tanto Yi-Jun como Won-Min se echaron a reír. Se acercaron para acomodarle la ropa y luego entraron.

Yi-Jun llevaba una canasta de flores y una bolsa de regalo mientras se dirigía a saludar a la anfitriona de la exposición, la amiga de su hermana.

—Vamos a mirar un poco —dijo Won-Min, pasando un brazo sobre los hombros de Shin-Yeon mientras entraban en la concurrida galería.

Avanzaron junto a grandes obras expuestas sobre paredes color crema hasta llegar a una zona más profunda, donde se abría un amplio espacio con paredes negras distribuidas por todo el lugar.

Sobre aquel fondo negro colgaban pinturas audaces de colores intensos y vivos que atraían de inmediato la mirada.

—Guau… El arte abstracto se ve increíble.

—Sí. Los colores son intensos, pero están equilibrados. Aunque los mires durante mucho tiempo, no llegan a saturar.

A medida que continuaron avanzando, el espacio se amplió todavía más y aparecieron obras enormes que cubrían paredes enteras.

Entre las vibrantes pinturas abstractas destacaban algunas obras en tinta con amplios espacios vacíos cuidadosamente dispuestos, que atraían silenciosamente la mirada.

Siguiendo con los ojos las líneas de una gran obra situada más al fondo, Shin-Yeon vio a Yi-Jun hablando con una mujer de unos treinta y tantos años que desprendía un aire elegante y sonreía ampliamente mientras recibía las flores y el regalo.

Y entonces…

…¿Eh?

En la sala de exposición interior apareció Seo Kyo-Shin, sobresaliendo una cabeza por encima de todos los demás.

Normalmente vestía trajes impecables y refinados, pero aquel día llevaba un suéter ajustado que dejaba entrever su físico bajo un elegante abrigo de cuero.

También llevaba el cabello de una manera más informal de lo habitual, lo que hacía destacar todavía más sus ya llamativas facciones.

—¿Suele visitar exposiciones, señor Seo?

—Vengo de vez en cuando cuando tengo tiempo, o cuando expone alguien importante.

A su lado había un hombre vestido pulcramente con un traje marrón cálido, sosteniendo su abrigo mientras sonreía.

Tenía una presencia luminosa y amable, exactamente la clase de omega superior que cualquiera encontraría atractivo.

Sus facciones refinadas, su constitución característica de un omega… incluso la impresión general que transmitía se parecía a Kim Shin-Hee.

…Ah.

Así que era tal como habían dicho sus amigos.

Seo Kyo-Shin de verdad había querido casarse con Kim Shin-Hee.

Ese era su tipo.

Shin-Yeon se quedó inmóvil.

Por alguna razón, le dolió el pecho, como si algo lo pinchara una y otra vez.

Debió pensar que yo era ridículo.

Pensar en lo entretenidos, en lo risibles que debían haberle parecido sus desesperados intentos hizo que la humillación le subiera al rostro de inmediato.

Bajó la cabeza, se frotó la cara y murmuró entre dientes:

—…Esto apesta.

¿Por qué la vida se había vuelto tan difícil justo después de cumplir veinte años?

Cuando volvió a levantar la mirada, Shin-Yeon vio al omega enlazar su brazo con el de Kyo-Shin.

Y en ese instante, sus miradas se encontraron.

Kyo-Shin, que había estado observando una pintura, pareció ligeramente sorprendido al verlo.

Shin-Yeon apartó la mirada de inmediato.

…Guau. No sabía que fuera posible sentirse tan patético.

La vida adulta de verdad apesta.

Comenzó a caminar hacia Won-Min, que estaba examinando otra obra.

Justo entonces…

Unos pasos se acercaron rápidamente desde atrás y un brazo grande cayó sobre sus hombros.

Por una fracción de segundo, Shin-Yeon pensó que Kyo-Shin lo había seguido y levantó la cabeza de golpe.

Pero enseguida relajó los hombros.

—Ya terminé con el encargo. Vamos a comer al edificio de al lado.

Yi-Jun rodeó con un brazo sus hombros caídos y le revolvió el cabello antes de inclinarse para observarle el rostro.

—¿Qué pasa con esa cara? ¿Tienes hambre? ¿O te conmovió el arte? No sabía que nuestro Shin-Yeon tuviera esa clase de sensibilidad.

—Tengo hambre… Vámonos.

—No tienes frío, ¿verdad? Vamos a comer algo rico.

—…Está bien.

Aunque Shin-Yeon cambió torpemente de tema, Yi-Jun lo dejó pasar. Fueron a buscar a Won-Min y los tres abandonaron juntos la exposición para dirigirse al edificio de al lado.

Shin-Yeon levantó la mirada hacia el cielo mientras los copos de nieve flotaban en el aire helado y dejó escapar un suspiro.

Cada vez que nevaba, le enviaba mensajes diciéndole que hacía buen tiempo…

¿De verdad fui tan estúpido?

—…Creo que sí hice una estupidez.

—Si ya lo sabes, entonces deja de hacerlo. Lo que tienes sobre los hombros es una cabeza, no una olla.

—Yi-Jun tiene razón. Shin-Yeon, busquemos otra forma. O al menos empieza por salir con alguien antes de pensar en casarte.

Won-Min sonrió suavemente mientras tomaba la mano de Shin-Yeon.

—Olvídate de salir con alguien. Es más realista renunciar a la universidad y conseguir un trabajo.

—Piensa en eso después de comer hasta llenarte.

Arrastrado por los dos, Shin-Yeon entró en el restaurante.

Se sentaron junto a una ventana y los dos, que comían muchísimo, se apresuraron a pedir la comida por su cuenta.

Entonces Yi-Jun colocó la carta de bebidas frente a él.

—¿Qué quieres beber?

—¿Pedimos alcohol?

—Yo conduzco. Una botella de champaña sin alcohol, por favor.

Mientras contemplaba el exterior por la ventana, Shin-Yeon pensó en el omega que había estado antes con Kyo-Shin, aquel que se parecía a su hermano.

Cualquiera encontraría atractiva a una persona así. Hermoso, refinado, claramente criado con todos los cuidados.

Por supuesto que a un alfa le gustaría alguien así.

…Así que de verdad fue a esa cita a ciegas.

Aunque las cosas todavía no habían terminado oficialmente con Kim Shin-Hee…

Por más vueltas que le diera, Kyo-Shin debía saber ya que su hermano estaba embarazado y había huido.

De lo contrario, ¿por qué estaría asistiendo a citas a ciegas?

Tal vez ya lo había deducido por la incapacidad de sus padres para ocultar su incomodidad o porque Shin-Yeon había empezado de repente a aferrarse a él y pedirle matrimonio.

—Si un omega recesivo diez años menor que ustedes se acercara y les pidiera que se casaran con él, ¿cómo se sentirían?

Ante la pregunta, las expresiones de los dos alfas dominantes se torcieron al mismo tiempo. Yi-Jun tomó unos cuantos mechones del cabello de Shin-Yeon y tiró de ellos.

—Kim Shin-Yeon, ¿eso que tienes sobre los hombros de verdad es una cabeza? Sigue diciendo tonterías así y quizá tenga que abrírtela para comprobarlo.

—Solo tienes hambre. Cuando comas algo rico, se te pasarán esas ideas.

Mientras Shin-Yeon recibía un regaño al mismo tiempo que le daban pan antes de que llegara la comida…

Seo Kyo-Shin entró en el restaurante.

…¿Por qué él también está aquí?

Con sus proporciones absurdas y su llamativa apariencia, Kyo-Shin destacaba dondequiera que estuviera. Sostenía la puerta abierta con un brazo para dejar pasar al omega que lo acompañaba.

—Gracias.

El omega entró con una sonrisa tímida.

Shin-Yeon volvió a encontrarse con la mirada de Kyo-Shin, apenas por un instante, mientras este le sonreía al omega.

Shin-Yeon fue el primero en apartar la mirada.

—¿Podría traerme la carta de bebidas alcohólicas?

—…¿Vas a beber?

—Sí.

Cuando el empleado se la entregó, Shin-Yeon recorrió la carta con la mirada…

y pidió un cóctel.

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