¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 85

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El semestre pasó rápidamente.

Aquel inusual primer día había traído muchos cambios.

Antes de darse cuenta, Jiha ya estaba completamente integrado en el grupo de Jumin y Youngeun. Iban juntos a clase, comían juntos y, de alguna manera, también había terminado dentro del chat grupal. Incluso los fines de semana el chat permanecía activo. En algunas ocasiones reunió el valor suficiente para unirse cuando proponían comer cerca de la universidad o ir al cine.

Mientras tanto, el gran cerezo de la entrada principal había perdido sus espléndidas flores, sustituidas ahora por hojas verdes y frescas. Los abrigos y los suéteres gruesos habían sido guardados al fondo del armario.

El trabajo grupal avanzó sin problemas.

Por supuesto, seguía siendo agotador, pero al menos el equipo funcionaba como un verdadero grupo, lo cual resultó un alivio.

Tal como Jiha había supuesto, Jumin era excelente exponiendo, mientras que Youngeun, con su buen ojo para el diseño, convertía las presentaciones que Jiha preparaba en algo realmente impresionante.

También tuvieron varias reuniones que, bajo la excusa del proyecto, terminaban siendo simples salidas entre amigos.

Parecía que no tendrían que preocuparse demasiado por la nota.

—Vaya. Jiha, tu galería es realmente aburrida.

Sobresaltado, Jiha volvió la cabeza hacia Youngeun.

Mientras él y Jumin discutían acaloradamente sobre la última película que habían visto, Youngeun aparentemente había estado revisando su teléfono.

Jumin lo reprendió en su lugar.

—¿Por qué estás mirando el teléfono de otra persona?

—Ah, perdón. Tenía curiosidad. Pero, en serio, borra esos archivos dañados. Tu galería está llena de pantallas negras.

—Déjalos.

Arrebatándole el teléfono, Jiha lo sujetó con fuerza, como si quisiera esconderlo.

Quizá pensando que había tocado un tema delicado, Youngeun se disculpó rápidamente.

La verdad era que cualquiera habría reaccionado igual.

No había absolutamente nada interesante en la galería de Jiha.

Solo apuntes de clase y fotografías de libros.

En medio de todo aquello había una larga fila de archivos dañados que ya no podían abrirse.

Se repetía constantemente que debía borrarlos, pero todavía no había sido capaz de hacerlo.

—Ah, oye. ¿Quieres una cita a ciegas?

—¿Yo?

—Sí, tú, Lee Jiha. Alguien que conozco está interesado en ti.

—¿Cómo… pasó eso?

—¿Qué quieres decir con cómo? Seguramente te vio por ahí y le gustaste.

—Supongo… que tiene gustos bastante peculiares.

—Vamos~ Seguro que le gustas a mucha más gente de la que imaginas. Tú eres el único que no se da cuenta.

Era algo que Jiha jamás había considerado.

Miró a Youngeun con incredulidad y este chasqueó la lengua.

—Entonces, ¿quieres que se la presente? Es muy lindo. No presento a cualquiera, pero pensé que ustedes podrían llevarse bien.

Jiha lo pensó unos segundos antes de negar con la cabeza.

—No. Está bien. Gracias, de todas formas.

—¿Por qué no~? ¿Te preocupa ser tímido? Él habla muy bien con desconocidos, te sentirías cómodo. O también puedo acompañarlos y hacemos una salida de tres.

—Bueno… sí, eso influye un poco. Pero más que eso… es que no tengo intención de salir con nadie ahora mismo.

—¿Por qué? ¿Ya te gusta alguien?

—Algo así.

Evitando la pregunta, Jiha respondió vagamente.

Aquello fue suficiente para que Jumin y Youngeun se entusiasmaran.

¿Era alguien del departamento?

¿Alguien que ambos conocían?

Continuaron insistiendo, pero Jiha no tenía respuestas que pudiera darles.

Le costó bastante trabajo calmarlos.

—Pensé que simplemente no te interesaban las relaciones. Esto sí que me sorprende.

—¿De verdad?

—Entonces, ¿qué pasa? ¿Tienes algo con alguien o solo te gusta esa persona?

—Supongo que lo segundo.

—No me digas… ¿No estarás dudando otra vez? Deberías intentarlo. No es como si te faltara algo.

—No es eso… es solo que…

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—Terminamos. Ya no puedo verlo.

¿Había sonado demasiado melancólico?

Los ojos de Jumin y Youngeun se llenaron de sorpresa y curiosidad, pero parecieron incapaces de seguir preguntando.

El peso de aquellas miradas lo hizo sentir incómodo.

Jiha cambió de tema torpemente.

Por suerte, ellos captaron la indirecta y siguieron la conversación.

Aun así, las miradas permanecieron.

—Eres un romántico sin remedio, ¿lo sabías?

—…

—Cuéntanos cuando hayas aclarado tus sentimientos. Me muero de curiosidad.

—Lo pensaré.

Lo había dicho, pero no sabía si llegaría el día en que pudiera contarlo.

Sentía la boca seca.

Bebió varios vasos de agua sin ningún motivo.

Las miradas de Jumin y Youngeun se suavizaron con cierta lástima.

Toda la situación resultaba terriblemente incómoda.

Regresó a casa con la mente inquieta.

El primer semestre de su último año ya estaba llegando a su fin.

Los exámenes también se acercaban.

Sin embargo, no se sentía tan ansioso como antes.

¿Era porque ser estudiante de cuarto año finalmente le daba un poco de margen?

¿O porque su forma de pensar había cambiado?

No podía saberlo.

A diferencia de antes, ahora pasaba sus días en la universidad rodeado de un grupo bastante ruidoso.

Pero en casa seguía estando solo.

En cuanto abría la puerta, lo recibían la oscuridad y el vacío.

Jiha solía quedarse allí de pie durante un largo rato.

Esperaba inmóvil hasta que la luz del sensor se apagaba y volvía a encenderse.

Solo entonces se quitaba los zapatos y entraba.

Era una extraña costumbre que había adquirido desde que comenzó el semestre.

Se sentía inquieto.

Normalmente obligaba a ignorar el caos que surgía cuando estaba solo, pero por alguna razón aquella noche no podía hacerlo.

Quizá fuera por la conversación de aquel día.

O tal vez porque, sin querer, se había enfrentado a la galería de su teléfono, algo que llevaba tiempo evitando.

Dejó caer la mochila y se sentó frente al escritorio sin siquiera cambiarse de ropa.

La única luz de la habitación provenía del monitor.

Sin ningún propósito real, se quedó observando la pantalla.

Inmóvil.

Hasta que el monitor terminó apagándose.

Abrió la galería del teléfono.

Al deslizar el dedo hacia abajo aparecieron los incontables archivos dañados, ennegrecidos por los errores.

¿Debería borrarlos por fin?

Lo pensó durante unos instantes.

Pero no pudo hacerlo.

¿Por qué seguía aferrándose a ellos?

Sabía perfectamente que conservarlos no servía para nada.

Deslizando lentamente la pantalla, una fotografía llamó su atención.

La única que no estaba dañada.

Sabía exactamente cuál era.

Incluso recordaba el día en que había sido tomada.

La punta de su dedo permaneció sobre ella, dudando.

Quizá empujado por las emociones que se acumulaban dentro de él, terminó tocándola antes de darse cuenta.

La fotografía llenó la pantalla.

Un taiyaki empapado sobre una mesa baja.

A su lado, un pequeño ramo arrugado.

La observó en silencio.

Una risa vacía escapó de sus labios.

Era absurdo.

—¿Por qué demonios sigue aquí…?

Se revolvió el cabello con frustración.

Si todo lo demás iba a desaparecer, entonces aquella foto también debería haberse borrado.

No contenía la imagen de Ian.

Y, sin embargo, era la fotografía que más lo contenía.

—Ian…

Sostuvo el teléfono con cuidado.

Era lo único que Ian no había borrado.

Las fotografías habían quedado en el teléfono de Jiha.

Y aun así, todas las imágenes donde aparecía Ian se habían corrompido.

Irrecuperables.

Imposibles de restaurar.

Solo quedaba aquello.

Aquella miserable fotografía de ese día.

La cabeza le daba vueltas.

Para contener las emociones que subían una y otra vez, Jiha comenzó a golpear la frente contra el escritorio.

No sirvió de nada.

Solo cuando las lágrimas finalmente brotaron se detuvo.

Quería romper algo.

Quería desgarrarse a sí mismo.

La soledad y el dolor eran cosas que podía ignorar en la universidad.

Pero en casa lo devoraban.

Ian había borrado todas sus huellas.

Y aun así seguía estando en todas partes.

—No puedo olvidarte…

Su voz tembló interminablemente.

Se sujetó la cabeza y se encogió sobre sí mismo.

Ian tenía razón.

Recordarlo solo traía dolor.

¿Por qué, a diferencia de los demás, sus recuerdos no desaparecían?

Jiha había pensado que se debía a todo el tiempo que habían pasado juntos y había esperado a que se desvanecieran.

Pero el nudo de añoranza dentro de su pecho solo se hacía más fuerte.

Aun así, como había pasado tanto tiempo, había esperado al menos que su corazón se calmara.

Ni siquiera eso salió como quería.

Por las noches apenas podía dormir.

Ian aparecía en sus sueños, exactamente igual que antes, regañándolo para que se cuidara.

Jiha lo abrazaba con fuerza, pero dentro del sueño no sentía nada.

Al despertar, el dolor era insoportable.

Fuertes dolores de cabeza.

La almohada empapada de lágrimas.

Lo que más le dolía era ver cómo el rostro de Ian se volvía cada vez más borroso en cada sueño.

Levantó la cabeza.

Quizá había golpeado algo, porque el monitor volvió a encenderse.

Tal vez fuera su visión empañada por las lágrimas, pero Jiha terminó abriendo una página de novelas web casi por instinto.

Llevaba mucho tiempo evitándola.

Incluso después de iniciar sesión permaneció dudando durante un largo rato.

En la parte superior de su lista de favoritos solo había una novela.

Una novela con un título descaradamente sugerente.

La notificación de actualización seguía allí.

Vaciló una y otra vez.

Finalmente hizo clic.

La novela de Ian se estaba actualizando con una regularidad sorprendente.

Se habían acumulado bastantes capítulos sin leer.

Los subtítulos que antes dejaban claro con quién se había acostado Ian parecían haber desaparecido desde la actualización del 2 de marzo.

Jiha abrió un capítulo marcado únicamente con un número.

Sin título.

Reuniendo valor, comenzó a leer.

La historia escrita por Ian.

La historia que había evitado durante tanto tiempo porque deseaba olvidarla.

El tono de la novela había cambiado.

La prosa seguía siendo torpe, pero, en lugar de acumular escenas de sexo, la atmósfera se había vuelto extrañamente melancólica.

El mayor cambio era Ian.

Capítulo del 2 de marzo.

Ian despertaba de un largo sueño.

Había visto a alguien en ese sueño.

Alguien a quien no podía borrar de su mente.

Solo una frase.

¿Podría ser yo?

Jiha se preguntó eso.

Se alegró de que el año que pasaron juntos no hubiera desaparecido por completo.

Pero le dolía que se hubiera reducido a una sola línea sobre un sueño.

Sus ojos permanecieron largo rato sobre aquella frase.

A partir de entonces, Ian comenzó a buscar un lugar donde descansar su corazón.

Las innumerables aventuras de una sola noche desaparecieron.

En su lugar aparecieron extensos pasajes sobre sus emociones confusas.

Ya no quería acostarse con desconocidos.

Como resultado, las escenas sexuales casi desaparecieron de la novela.

Las visitas y los comentarios seguían siendo escasos.

La mayoría eran insultos.

«Arruinaron al personaje.»

«Al menos antes había sexo. ¿Qué sentido tiene ahora?»

Con el tiempo, incluso los comentarios negativos desaparecieron.

Las visitas descendieron hasta un solo dígito.

Casi nadie leía la novela.

Pero el autor seguía publicando obstinadamente.

Ian vagaba.

Conocía personas y las abandonaba repentinamente.

Cuando un Alfa intentó someterlo con feromonas, huyó desesperadamente.

Cuando llegaba el celo, tomaba medicamentos y se encerraba en casa, negándose a salir.

Como las feromonas y los celos apenas funcionaban como deberían en aquella novela omegaverse, nunca ocurría nada que pudiera considerarse un gran acontecimiento.

Lo que quedaba eran las largas descripciones de Ian vagando por una vida cotidiana gris, como si buscara algo.

«¿Será que tampoco puedes olvidarme?»

«Alguien de un sueño.»

Aquellas pocas palabras que lo describían.

Tal vez Ian, tal como había prometido, estaba resistiéndose a su autora a su manera.

Negándose a vivir la vida que otros escribían para él.

El capítulo más reciente se había publicado aquella misma mañana.

Ian estaba deprimido.

No se explicaba el motivo.

A Jiha le dolió el corazón.

La depresión no encajaba con Ian.

Rozó la pantalla con las yemas de los dedos, deteniéndose sobre su nombre.

Pulsó «me gusta» en todos los capítulos que había leído.

Uno por uno.

Luego comenzó a escribir lentamente un comentario en la actualización más reciente.

«Me puse al día con los capítulos que me faltaban.»

«Me gusta mucho el cambio de Ian.»

«Quiero apoyarlo.»

«Espero que encuentre a alguien bueno y construya una vida maravillosa.»

Escribió.

Borró.

Volvió a escribir.

El comentario ni siquiera era largo, pero le tomó muchísimo tiempo enviarlo.

La vergüenza llegó inmediatamente después.

Aun así, no lo borró.

Estaba deprimido.

Lo extrañaba.

Pero, al menos por aquella noche, no quería ignorarlo.

Aunque doliera, quería compartir aquella tristeza con Ian.

Sabía que era un deseo absurdo.

Con aquel peso en el pecho, Jiha apagó la computadora.

Sin cambiarse de ropa ni quitarse las gafas, se dejó caer sobre la cama.

El cansancio cayó sobre él.

Quizá todas las emociones reprimidas se habían desplomado de golpe.

Permaneció inmóvil.

No quería moverse.

Tenía cosas que hacer.

Al menos debería haberse cambiado.

Pero la somnolencia lo estaba arrastrando.

Debía llevar bastante tiempo durmiendo mal.

«Ah, da igual. Ahora no puedo con esto. No quiero pensar en nada.»

Jiha cerró los ojos.

Aunque no pudiera dormir bien, quería volver a soñar esa noche.

Un sueño donde apareciera Ian.

«Leí tu historia, así que ¿podrías venir a verme esta noche?»

«Hay tantas cosas que quiero decirte.»

«Quiero abrazarte.»

«Quiero consolarte.»

«Por favor, ven a mis sueños.»

«Aunque mi corazón no pueda alcanzarte.»

Aferrándose a aquel deseo desesperado, Jiha terminó quedándose dormido.

Su mano cayó débilmente a un lado.

Estaba demasiado agotado para soñar.

Se hundía.

Cada vez más profundo.

…

Su cuerpo se sentía pesado.

Por supuesto, teniendo en cuenta lo alterado que había estado antes de dormir, no era extraño que hubiera descansado mal.

Si eso le dejaba el cuerpo pesado, era perfectamente normal.

Pero ese no era el problema.

Su cuerpo era literalmente pesado.

Como si algo realmente estuviera presionándolo.

Se despertó de golpe.

Apenas abrió los ojos.

La mente seguía nublada por el sueño.

Aun así, comprendió instintivamente que todavía era de noche.

¿Cuánto había dormido?

¿Qué hora era?

¿Estaba sufriendo una parálisis del sueño?

Innumerables preguntas cruzaron su mente.

Y entonces llegó la claridad.

Aquella no era su habitación.

Aquella no era su cama.

Y en ese momento algo…

No.

Alguien.

Estaba encima de él.

Un peso tan familiar.

Incluso con los ojos aún incapaces de acostumbrarse a la oscuridad, Jiha supo de inmediato quién estaba sentado sobre él.

Fue tal la conmoción que no pudo pronunciar una sola palabra.

Parecía que la otra persona tampoco podía hacerlo.

No hubo palabras.

Solo una mano acariciando lentamente su mejilla.

Las yemas de aquellos dedos temblaban intensamente.

—¿Qué es esto?

Aquella no era la voz de Jiha.

Su corazón latió con violencia.

Una persona.

La persona que estaba sobre él.

La persona que conocía tan bien.

La persona a la que había extrañado desesperadamente.

La persona que había deseado ver hasta el momento de quedarse dormido.

La voz, tan temblorosa como aquellos dedos, era pequeña.

Frágil.

Insegura.

Como si temiera que cualquier movimiento pudiera romperlo todo.

Aquella inquietud también se transmitió a Jiha.

Pero no pudo apartar la mirada.

La sensación era demasiado real para tratarse de un sueño.

Extendiendo la mano, tanteó la mesa junto a la cama.

Según la descripción de la novela, debía haber una lámpara allí.

Encontró el interruptor con facilidad.

Una cálida luz amarilla iluminó la habitación.

Cerró los ojos por el resplandor.

Lentamente volvió a abrirlos.

Y encontró la mirada del hombre frente a él.

—Tú…

El hombre se inclinó un poco más, como si quisiera ver mejor el rostro de Jiha.

A través de la visión borrosa que se adaptaba a la luz, Jiha finalmente vio su cara.

—Lee Jiha…

La voz temblorosa pronunció su nombre.

Aun así, el hombre parecía inseguro.

Jiha sujetó suavemente la mano que aún descansaba sobre su mejilla.

La garganta se le cerró.

Con el ceño fruncido, obligó a las palabras a salir.

Quería aliviar aquel miedo.

—Sí. Ian.

Ian se desplomó sobre él.

Escondió el rostro contra el pecho de Jiha y se aferró desesperadamente a él.

Las lágrimas empaparon sus hombros.

Jiha lo abrazó con fuerza.

Todo su cuerpo temblaba.

No podía detener aquellas risas vacías.

Aquello parecía irreal.

Su visión se volvió borrosa por las lágrimas.

Pero había calor.

Un aroma familiar acariciaba su nariz.

—Yo…

—Sí. Ian.

—No pude olvidarte… Seguías apareciendo en mis sueños…

—Sí. Yo también.

—Te resentía, porque dolía demasiado. Porque no podía estar con nadie más que contigo…

—Sí.

—Si esto es otro sueño… creo que de verdad moriré.

—No digas eso. Estoy aquí. De verdad… te extrañé muchísimo.

Con manos temblorosas, Jiha acarició el cabello de Ian.

Los suaves mechones se deslizaron entre sus dedos.

Los peinó una y otra vez.

Un gesto tan familiar.

Pretendía consolarlo.

Pero Ian solo comenzó a llorar con más fuerza.

Se aferró aún más a él.

Jiha no pudo decirle que dejara de llorar.

Solo quería que llorara todo lo que necesitara.

Solo entonces, cuando saliera el sol y comenzara el día, podría creer que aquello no era un sueño.

¿Cómo había ocurrido aquello?

Aquel acontecimiento absurdo.

Imposible.

Sin sentido.

Pero no le importaba.

La vida era extraña.

Aunque nada tuviera lógica, estaba bien.

Mientras Ian, allí entre sus brazos, fuera real.

Eso era suficiente.

No quería pensar en nada más.

Después de mucho tiempo, Ian finalmente levantó la cabeza.

Jiha sostuvo sus mejillas empapadas de lágrimas y lo besó.

Sus lenguas se entrelazaron desesperadamente.

La sensación eléctrica que recorrió su cerebro.

Había pasado tanto tiempo.

Y era más maravillosa que nunca.

¿Cómo aparecería aquella escena en la novela?

¿Provocaría otra oleada de críticas?

No importaba.

Si de todas formas ya nadie la leía, entonces pensaba hacer exactamente lo que quisiera.

Lee Jiha solo era un personaje secundario.

Pero a partir de ahora…

Las cosas serían diferentes.

—FIN

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