¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 79

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡Esto no es un Omegaverso!
  4. Capítulo 79 - Invierno (3)
Prev
Next
Novel Info

El tiempo siguió avanzando con constancia.

Jiha e Ian también intentaron vivir sus días de la misma manera, tan serenamente como podían. Solo ir cumpliendo, uno por uno, los deseos que Ian había anotado bastaba para hacer que los días fueran agradables.

Fueron juntos a distintos restaurantes, pidiendo platos poco habituales para probarlos, e incluso se turnaron para cocinar.

Ian era increíblemente malo cocinando.

Aunque parecía haber seguido las recetas al pie de la letra, de alguna manera tanto el sabor como la apariencia siempre terminaban siendo extraños. El golpe a su orgullo por su propia falta de habilidad pareció afectarle bastante, así que Jiha, sin quejarse, se obligó a terminar hasta el último bocado de todo lo que Ian preparaba.

Cuando Ian insistió en ir al gimnasio diciendo que quería «superar su trauma», Jiha lo acompañó.

Como siempre, había muchas personas interesándose por Ian. Afortunadamente, como ambos permanecían juntos todo el tiempo, nadie se atrevió a acercarse demasiado.

Sin embargo, irónicamente, Ian, que había sido quien propuso ir al gimnasio, sufrió muchísimo con los ejercicios.

Cuando Jiha lo animó a esforzarse un poco más, Ian se pasó dos días enteros quejándose de dolores musculares, y Jiha tuvo que cuidarlo todo ese tiempo.

Era evidente que exageraba.

También fueron a recorrer la universidad de Jiha.

Como estaban de vacaciones, el campus se encontraba tranquilo y, al haber tan poca gente, Jiha no tenía miedo de encontrarse con nadie, lo que le permitió relajarse.

Pasearon despacio por el recinto.

Un gato gordo, que parecía ser la mascota del campus, llamó su atención. Por mucho que Jiha intentó acercarse a él, el gato lo ignoró por completo y siguió caminando.

Curiosamente, en cambio, se acercó por sí solo a Ian y le restregó la cabeza contra la pierna.

Ian preguntó si su rasgo de «ser popular» también funcionaba con los animales.

Jiha simplemente murmuró:

—¿Cómo voy a saberlo?

Después de recorrer tranquilamente el campus, fueron a cenar a un restaurante bastante popular cercano.

Era un local de pasta con una decoración muy elegante.

La comida era buena y los precios razonables, hasta el punto de que parecía que todos los estudiantes lo conocían.

Sin embargo, Jiha confesó que aquella era, en realidad, la primera vez que iba.

Ian sonrió, claramente satisfecho consigo mismo.

No todos los días los pasaban fuera.

A veces se quedaban encerrados en casa, holgazaneando juntos durante todo el día, o se quedaban despiertos conversando hasta la madrugada para luego dormir durante todo el día siguiente.

Hacían cualquier cosa.

Lo que fuera.

Mientras pudieran hacerlo juntos.

Compartían muchas cosas.

Y aun así, seguían quedando muchas más.

De hecho, cuanto más tiempo pasaban juntos, más pequeñas cosas que querían hacer juntos se acumulaban una tras otra.

Ian todavía desconocía muchas cosas sobre sí mismo, y Jiha quería llenar la mayor cantidad posible de esos vacíos.

Aunque sabía que el tiempo que les quedaba era limitado.

Y así, la primera hoja del calendario fue arrancada.

Sin dudarlo, Ian quitó la página de enero, cubierta de pequeñas notas escritas a mano, y la tiró a la basura.

—¿Por qué la tiraste?

—Si dejas una nota que luego ni siquiera recordarás, solo te dará dolor de cabeza. Además, tú te preocupas demasiado por estas cosas.

—…

—Estoy empezando a ordenar todo.

—No lo hagas. Si se quedan, tal vez me ayuden a recordarte.

—No. Es mejor olvidar.

—Yo…

Ian se acercó de repente y le pellizcó la mejilla.

—Ah… duele…

—¿No te lo dije? No te permitas sentirte solo.

—…

—No te aferres a los recuerdos de alguien que va a desaparecer. Puedes olvidar esas cosas.

Ian se mostró firme.

Su tono decidido dejó a Jiha sin palabras.

Cuando finalmente asintió débilmente, Ian soltó su mejilla y la acarició suavemente, como si estuviera consolando a un niño.

—Por favor, cuida de mí durante este último mes.

Lo único que Jiha pudo hacer fue asentir y abrazarlo con fuerza.

El calendario insoportablemente corto de febrero parecía cruel.

Una vez llegó febrero, Ian realmente comenzó a borrar sus huellas poco a poco.

Las notas del refrigerador desaparecieron primero.

Incluso los pequeños garabatos que había hecho alguna vez en el cuaderno de Jiha fueron borrados.

La ropa fuera de temporada fue cuidadosamente doblada, fotografiada y puesta a la venta en aplicaciones de segunda mano.

Como Ian tenía buen gusto y la mayoría de las prendas apenas habían sido usadas, se vendieron rápidamente.

Poco a poco, Ian fue desapareciendo.

Y cuanto más sucedía aquello, más tenía que esforzarse Jiha por apartar los pensamientos que revoloteaban en su cabeza y concentrarse en el presente.

—De todos modos, realmente hice casi todo lo que quería hacer. Así que soy bastante feliz.

—Me alegra.

—Pero todavía queda una cosa.

—¿Cuál?

—Algo realmente indecente.

—Ya te dije que no sé cómo se supone que se hace eso.

—Yo tampoco. Algo emocionante… algo que te haga cosquillear todo el cuerpo.

—De verdad no tengo ni idea.

—¿Lo hacemos afuera?

—No. Nos congelaremos.

—Ah. Tienes razón.

Después de terminar de vender la ropa de Ian, ambos fueron al cine.

Aquello también formaba parte de la lista de cosas que Ian quería hacer.

Una vez más, no habían decidido qué película ver.

Mientras conversaban sobre cosas sin importancia, caminaron por el cine y eligieron una película en el último momento.

Si resultaba entretenida, perfecto.

Y si no, tampoco importaba.

Jiha no tenía ninguna película concreta que quisiera ver, e Ian seguía sin saber exactamente qué tipo de películas le gustaban.

—¿Qué tal una de acción? ¿No dijiste que te gustaban?

—No realmente. Solo me gustó aquella saga.

—Ah. ¿Solo esa? Entonces, descartada.

—No quiero ver terror.

—De todos modos, no hay ninguna en cartelera. Mmm… los thrillers tampoco encajan.

—Hay muchas románticas…

—…

—Mejor no.

—Sí. Mejor.

Las películas románticas quedaron descartadas de inmediato.

Si los protagonistas terminaban separándose, tanto Ian como Jiha quedarían demasiado afectados para poder dormir.

Y si terminaban felices y juntos, también sería problemático.

Sentirían envidia de aquella pareja.

Además, considerando que ellos mismos estaban atravesando el mayor conflicto romántico imaginable, ninguna historia podía conmoverlos realmente.

Después de ir descartando opciones una a una, terminaron eligiendo una película animada en 3D.

Al parecer pertenecía a una franquicia muy popular, aunque incluso después de ver el tráiler Jiha no consiguió entender muy bien de qué trataba.

Pero, al fin y al cabo, aquellas películas solían consistir en derrotar al villano, ¿no?

Ian parecía interesado, así que compraron las entradas sin dudar.

El cine estaba más lleno de lo que esperaban y había muchos niños.

Bebiendo refresco, comenzaron la película con pocas expectativas.

Pero terminó siendo mucho mejor de lo que imaginaban.

Era divertida.

También sorprendentemente emotiva.

Y, sobre todo, los personajes eran adorables.

Al salir del cine, compraron llaveros de los personajes en el puesto de la entrada.

—No tires esto. Solo piensa que es algo que compré después de ver la película.

—Sí, señor. Entendido.

Afuera estaba nevando.

Debía de llevar un buen rato haciéndolo, porque la nieve ya comenzaba a acumularse junto a las calles, floreciendo como pequeñas flores blancas.

Por suerte, llevaban un paraguas pequeño y ambos se apretaron bajo él.

La calle tenía una atmósfera agradable.

Las luces decorativas que colgaban a lo largo del camino hacían que la nieve danzante volviera las calles todavía más hermosas.

Caminar hombro con hombro bajo un paraguas tan pequeño resultaba incómodo y estrecho, pero los ojos de Ian brillaban mientras declaraba que aquel era el ambiente perfecto para una cita.

Usando como excusa los copos de nieve que caían sobre sus hombros, Jiha lo acercó todavía más.

—¿Damos una vuelta antes de volver? Sería una pena regresar tan pronto.

—Sí.

—Ir de compras… no me parece bien. Ya no debería comprar nada más.

—…

—¿Qué pasa?

—Ian. Ven aquí.

—¿Eh? ¡Espera…!

Jiha lo tomó del hombro y lo arrastró de repente hacia un callejón entre los edificios.

Un estrecho pasaje que dividía la calle iluminada.

Más atrás, donde el tránsito de personas disminuía, el callejón se volvía oscuro, apenas iluminado por las luces cercanas.

Apenas había espacio para el paraguas.

Algunas unidades de aire acondicionado abandonadas se alineaban junto a la pared.

Allí, Jiha empujó a Ian contra el muro sin previo aviso.

—¿Qué estás…? Mmph…

Y entonces le sostuvo la mejilla y lo besó profundamente.

Sintió cómo los ojos de Ian, abiertos por la sorpresa, se iban cerrando poco a poco mientras sus lenguas se encontraban suavemente.

La mano de Ian, vacilante al principio, terminó aferrándose con cuidado a la ropa de Jiha.

El paraguas cayó al suelo.

Sujetando la cabeza de Ian contra la pared, compartieron el aliento.

Cuando sus labios se separaron brevemente, apenas tomaron aire antes de volver a buscarse.

Las voces de la gente llegaban desde lejos.

Cada vez que unos pasos se acercaban, Ian se encogía y se refugiaba aún más en los brazos de Jiha.

Qué adorable…

Jiha lo abrazó con más fuerza.

Sus labios no se separaron durante mucho tiempo.

—Haah…

Finalmente, después de un largo rato, se apartaron.

Sus respiraciones eran calientes y agitadas.

Jiha sostuvo suavemente a Ian, completamente derretido entre sus brazos.

Por fortuna, la nieve ya comenzaba a disminuir.

—¿Qué… qué fue eso de repente?

—Dijiste… que algo así era una fantasía tuya, ¿recuerdas?

—Ah.

—No está lloviendo, pero aun así…

—¿Recuerdas aquel día?

—Sí. Claro que sí.

Ian entrecerró los ojos, como si saboreara aquel recuerdo.

Se mordió el labio y bajó la mirada.

Sus orejas se habían puesto rojas.

Al verlo sonrojarse como si acabara de escuchar una confesión de amor, Jiha también sintió cómo la vergüenza se contagiaba.

Sus dedos comenzaron a inquietarse.

—Fue entonces. En ese momento me di cuenta… de que me gustabas.

—¿De verdad?

—Sí. Y cuando lo entendí, me sentí increíble. Ese día… estaba muy emocionado.

—…

—¿Y tú? ¿Qué sentiste?

Levantó la cabeza y lo miró con ojos llenos de timidez y expectación.

Jiha también recordaba aquel momento.

La lluvia torrencial.

El corazón golpeándole el pecho como si fuera a explotar.

E Ian, suave y dócil.

Era imposible olvidarlo.

El recuerdo seguía siendo intenso.

Aunque aquella noche había estado mareado por el alcohol, la recordaba con absoluta claridad.

De hecho, recordaba casi todo.

Hasta la respiración de Ian.

—Temblaba muchísimo. Porque te había querido desde hacía mucho tiempo.

Una suave sonrisa apareció en los labios de Ian.

Jiha apoyó la frente contra la suya, luego rozó su nariz.

Sus labios se tocaron levemente.

Los ojos de Ian se cerraron lentamente.

—Te amo.

Ante aquel susurro apenas audible, Ian sonrió.

Jiha volvió a besarlo.

Y volvió a decirle que lo amaba.

Otro beso.

Otra confesión.

Con cada repetición, el pecho le dolía más.

La ansiedad seguía royéndolo.

Cada vez que pronunciaba aquellas palabras, sonaban más desesperadas.

Casi como si Ian ya no pudiera escucharlas.

Ian abrió lentamente los ojos y levantó la cabeza.

Sin querer mostrar su ansiedad, Jiha bajó la suya y lo besó profundamente.

Lo abrazó como si temiera que pudiera romperse.

Inclinó la cabeza y volvió a buscarlo.

Se apartó apenas para respirar, se quitó rápidamente las gafas y volvió a besarlo antes de que Ian pudiera abrir completamente los ojos.

Incluso cuando Ian se tambaleaba y se aferraba a él como si las piernas se le hubieran convertido en gelatina, Jiha lo sostuvo con fuerza.

Aunque había actuado con valentía en aquel lugar, el sonido lejano de unos pasos hacía que se pusiera nervioso.

Cada vez que Ian se movía, el corazón le golpeaba el pecho.

Y eso solo hacía que le costara más soltarlo.

Los pequeños gemidos que Ian dejaba escapar, quizás preocupado por si alguien podía escucharlos, lo hacían parecer tan adorable que Jiha no sabía qué hacer.

Finalmente fue Ian quien se apartó primero.

Sin aliento, se derrumbó sobre el pecho de Jiha, poniendo fin al largo beso.

Aún incapaz de desprenderse del calor que permanecía entre ellos, Jiha mordisqueó suavemente la punta de su oreja enrojecida.

—¿Estás bien?

—E-espera un momento. Siento las piernas como gelatina.

—De acuerdo.

Jiha lo sostuvo mejor mientras Ian seguía tambaleándose.

Todavía no podía levantar la cabeza del hombro de Jiha.

—Tú… tú eras quien decía que odiaba hacer cosas afuera.

—Esto está bien, ¿no?

—He criado una bestia, ¿verdad…?

—¿Y tú? Antes esto no te importaba en absoluto.

—Tienes razón…

Ian finalmente se separó, aunque su rostro seguía completamente rojo.

Evitando la mirada de Jiha por vergüenza, desvió la vista.

Jiha apartó los copos de nieve que se habían posado sobre su cabello y sus hombros.

—Oye, Jiha.

—¿Sí?

—¿Volvemos a casa?

—Sí.

Recogiendo el paraguas que habían dejado tirado en el suelo, Jiha tomó con fuerza la mano de Ian y lo condujo fuera del callejón.

Fue como salir de un mundo que solo les pertenecía a ellos y regresar a otro completamente distinto.

La calle seguía brillante.

La gente seguía caminando.

Avanzaron rápidamente entre la multitud.

La nieve continuaba cayendo y comenzaba a cubrir el suelo.

Aun así, el calor de aquel largo beso no desaparecía.

No dijeron nada.

Simplemente caminaron tomados de la mano hasta casa.

El callejón cercano a su edificio estaba oscuro a pesar de las farolas.

Pasaba poca gente.

Y la nieve recién caída hacía que todo pareciera todavía más silencioso.

Cuando se dirigían apresuradamente hacia la entrada, Ian se detuvo de repente y tiró de la mano de Jiha.

—¿Qué pasa?

—Eh…

—¿Sí?

Ian evitó su mirada.

Vaciló.

No conseguía hablar.

Aquello era tan inusual que Jiha inclinó la cabeza para observarlo mejor.

Ian seguía evitando sus ojos.

—Quiero… hacer algo más. Eso… algo travieso.

—Por eso estamos volviendo a casa…

—No. Me refiero… afuera.

Incluso bajo la tenue luz de las farolas, Jiha pudo verlo.

El rostro de Ian estaba completamente rojo.

Solo entonces comprendió lo que intentaba decir.

Se mordió el labio para contener la risa.

Verlo tan avergonzado le parecía increíblemente adorable.

Jiha lo abrazó, ocultando su rostro, y luego miró rápidamente alrededor.

Entre los edificios se extendía un rincón oscuro.

—¿Quieres hacerlo?

—…

—¿Quieres ir allí?

—Sí.

Jiha tomó la mano de Ian y se adentró en las sombras entre los edificios.

El paraguas estorbaba, así que lo cerró y lo dejó en el suelo.

El sonido hizo que Ian se estremeciera ligeramente.

Jiha le acarició la mejilla y levantó suavemente su rostro.

Incluso en la oscuridad podía ver aquellos ojos llenos de deseo.

—¿Te refieres a esto cuando hablas de algo muy travieso?

—Sí.

—Eres más adorable de lo que imaginaba.

—Ahora mismo, el extraño eres tú, que estás demasiado tranquilo.

—De acuerdo. Levanta la cabeza.

—Está bien…

Jiha intentó mantener la calma, pero sus oídos también resonaban con los latidos desbocados de su corazón.

Sosteniendo la cintura de Ian, lo besó mientras Ian rodeaba su cuello con los brazos.

Le sujetó la cabeza y profundizó el beso.

Cada vez que el cuerpo de Ian se estremecía entre la pared y su pecho, una oleada de calor recorría el cuerpo de Jiha.

Ya ni siquiera sentía el frío.

Cada vez que separaban los labios, las confesiones escapaban como suspiros.

Te amo.

Te amo, Ian.

Una y otra vez.

Ian, incapaz de responder, solo dejaba escapar suaves gemidos nasales.

Jiha levantó la mirada hacia los ojos entrecerrados de Ian.

—Te amo.

Ian asintió débilmente.

Y Jiha volvió a besarlo.

Una vez más.

Y otra.

Ya no podía oír nada más allá del estruendo de su propio corazón.

Sentía como si ambos hubieran quedado encerrados juntos en aquella oscuridad.

Jiha pensó que no le importaría permanecer allí para siempre.

La respiración de Ian se volvió cada vez más irregular.

Cualquiera habría podido darse cuenta de lo excitado que estaba.

Pero Jiha no tenía intención de mostrárselo a nadie.

Extrañamente, cuanto más lo veía así, más dolor le producía el pecho.

Era asfixiante.

Tan asfixiante que parecía volverlo loco.

Lo besó una y otra vez.

Sus labios recorrieron la mejilla, el cuello y la frente de Ian.

Abrazó su cintura mientras Ian se aferraba a él.

Jiha ni siquiera lo había tocado realmente, pero Ian se retorcía como si estuviera siendo acariciado, dejando escapar suaves gemidos.

Entonces, de repente, se oyó un fuerte estruendo cerca.

—¡Ah!

Los ojos de Ian se abrieron de golpe.

Su cuerpo se estremeció mientras miraba hacia el origen del ruido.

Jiha lo abrazó con fuerza.

—Está bien. Solo es un gato.

—Ah…

—¿Quieres entrar?

—…

Ian parecía debatirse.

Era la primera vez que Jiha lo veía vacilar de esa manera.

Bastaba con un beso en la mejilla para hacerlo temblar.

Parecía especialmente sensible.

—Llévame dentro… y sigue.

—Sí. Lo haré.

Aunque dijo eso, Jiha volvió a besarlo.

Creyó que había sido breve, pero solo se apartó cuando Ian golpeó suavemente su pecho.

Tomados de la mano, subieron rápidamente las escaleras del edificio.

Ah.

El paraguas.

Recordó que lo habían dejado atrás.

Pero no importaba.

Apenas entraron después de introducir el código, volvieron a buscarse desesperadamente.

Sus cuerpos chocaron contra la puerta.

Contra la pared.

Sus manos se colaron bajo la ropa del otro.

La emoción era tan intensa que no podían pensar en nada más.

Cayeron sobre la cama.

Parecía que ni siquiera habían terminado de quitarse la ropa.

Sus labios permanecieron unidos hasta quedar doloridos.

Sus cuerpos se aferraron el uno al otro con desesperación.

Incluso en medio de aquella pasión irreflexiva, un extraño impulso seguía surgiendo dentro de Jiha.

Quería tragárselo entero.

Pero, en lugar de ceder a ese deseo, abrazó a Ian con todas sus fuerzas.

Como si hacerlo pudiera impedir que se marchara.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first