¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 68

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Ian levantó la cabeza. Sus ojos, más oscuros y afilados de lo habitual, brillaban en la penumbra. Antes de que Jiha pudiera reaccionar, Ian lo empujó con fuerza por los hombros y se subió encima de él.

—¿Qué estás…?

—Ahora que lo pienso, antes me lanzaba sobre ti sin importar si me gustabas o no.

—Ian…

—¿Verdad? Después de todo, solo soy un «Omega promiscuo». Besarte, acostarme contigo… podía hacer todo eso sin siquiera gustarme de ti. ¿No es así?

—Eso…

—Ni siquiera es mentira.

Ian levantó el mentón de Jiha con las yemas de los dedos en un gesto sensual y provocador. Jiha tragó saliva con nerviosismo. En la habitación oscura, el rostro de Ian permanecía oculto tras su flequillo. ¿Qué expresión estaría mostrando ahora?

—Quizá debería volver a subirme encima de ti. Ha pasado bastante tiempo y tengo mucha hambre, ¿sabes?

Su voz era baja y pesada.

Jiha no tenía idea de cómo responder.

Si no eran amantes, si no se gustaban… ¿estaba bien hacer algo así? Y si no lo estaba, entonces ¿qué significaban todas las veces anteriores?

—¿Qué te parece esto? No te querré, Lee Jiha. Pero como tú sí me quieres, simplemente te usaré. Como una red de seguridad. Como una válvula de escape.

—…

—Después de todo, soy un Omega promiscuo que siempre tiene hambre.

—E-espera, Ian. ¡No…!

Jiha sujetó rápidamente la muñeca de Ian, deteniendo la mano que se había deslizado dentro de su camiseta. Aun así, las puntas de sus dedos rozaron su piel, provocándole cosquillas suficientes para hacerlo fruncir el ceño.

—¿Qué? No estoy equivocado, ¿verdad?

—¿Y tú estarías bien con eso?

—…

—Si tú estás bien… entonces a mí no me importa.

Jiha levantó la mano y apartó el cabello de Ian.

Por fin pudo ver claramente su rostro.

Tenía una expresión miserable, bañada en lágrimas.

Ian golpeó el pecho de Jiha como si protestara y luego se desplomó sobre él, aferrándose con fuerza. Jiha dudó un momento antes de rodearlo con los brazos.

—¿Cómo puedes decir que no te importa? ¿Eres idiota?

—Ian…

—¿Crees que eso es realmente lo que quiero? Quizá antes… pero ya no. Eso no es lo que quiero.

Su voz, débil y cada vez más apagada, solo transmitía impotencia. Jiha únicamente pudo acariciarle la espalda en silencio.

—Quiero que tú me quieras, Lee Jiha.

—Cuando dije que me gustabas… lo decía en serio.

—Sabes que no me refiero a eso.

Ian se aferró aún más a él, como si temiera que Jiha fuera a escapar en cualquier momento. Jiha no entendía qué era exactamente lo que lo volvía tan ansioso. En realidad, seguía sin comprender por qué Ian se aferraba a él con tanta desesperación.

¿Era realmente algo tan importante?

¿Hasta el punto de llorar, de temblar de miedo…?

—Nunca resentí ser un Omega. Incluso me sentía orgulloso de ello…

—Sí.

—Pero ahora… me odio muchísimo.

—No digas eso.

—No soporto el hecho de ser un Omega. Lo odio.

—No pienses así, Ian. Es culpa mía…

Al final, Jiha lo abrazó desesperadamente mientras la voz de Ian se quebraba entre sollozos.

Deseaba que Ian no pensara de esa manera. Pensamientos como «me odio» o «no valgo nada», tan asfixiantes e inútiles. Jiha había pasado toda su vida aplastado por esos mismos pensamientos, pero no soportaba que Ian tuviera que sufrirlos también.

No Ian.

No le quedaban en absoluto…

—¿Por qué te disculpas? No quiero que Lee Jiha sea la razón por la que piense así.

Vivir como alguien incapaz de amarse a sí mismo era insoportablemente solitario.

Jiha consoló a Ian, repitiendo en voz baja «lo siento» una y otra vez hasta que finalmente se quedó dormido. ¿Qué decisión podía tomar para que Ian dejara de sufrir? Si soportaban ese momento asfixiante, ¿de verdad llegaría un día en que Ian pudiera sonreír incluso más que antes?

Las dudas y las preguntas se derramaron, atormentando el amanecer.

Con el corazón pesado y abatido, Jiha dejó que Ian se acurrucara entre sus brazos todo lo que quisiera hasta que se quedó dormido.

Quizá esa era la mejor decisión que Jiha podía tomar en ese momento.

Por la mañana, la atmósfera pesada de la noche anterior se había disipado, y el día transcurrió casi como cualquier otro.

Jiha despertó todavía abrazando con fuerza a Ian, y en el instante en que se movió, los ojos de Ian también se abrieron.

Despertar juntos, envueltos en los brazos del otro en la misma cama, podría haber parecido la escena romántica perfecta, pero para ellos se había vuelto tan habitual que ya ni siquiera hacía latir sus corazones.

La única diferencia con respecto a lo habitual fue que, aparte de un breve:

—¿Despierto?

—Sí.

Ninguno de los dos dijo mucho más.

Una extraña incomodidad permanecía en el ambiente.

Aun así, era mejor que la semana anterior, cuando se evitaban mutuamente. Al menos esta vez ambos habían dormido bien.

—Oye.

—Mm.

Fue Ian quien rompió primero el incómodo silencio. Pero, como si dudara, no pudo mirar a Jiha directamente a la cara.

—¿Es hoy?

—…Sí. Vamos a reunirnos temprano para empezar con el trabajo, así que hoy no podré ir a recogerte.

—Sí. Iré por mi cuenta.

—No es que espere que ustedes dos de repente… hagan algo juntos ni nada…

—Lo sé. ¿Qué crees que haría? ¿Lanzarme sobre él delante de ti?

Aquella pulla le dolió un poco.

Sintiéndose incómodo, Jiha se pasó la mano por el cabello sin motivo alguno y se puso las zapatillas.

Ian se veía claramente de mal humor esa mañana.

Era el día en que Yoo Taesung debía ir a la casa con la excusa del trabajo grupal. Ian había aceptado la visita, pero era evidente que la idea seguía sin gustarle. Sus prejuicios hacia Yoo Taesung parecían más profundos de lo que Jiha había imaginado… y eso era completamente culpa de Jiha.

Era complicado.

Jiha había conseguido organizar ese encuentro, pero ¿qué se suponía que debía hacer después?

En cuanto terminaran las clases, él y Yoo Taesung irían directamente a la casa, antes de que Ian regresara. Así que primero tendría que obligar a Taesung a concentrarse en el trabajo. Porque en el momento en que ese tipo se distrajera por Ian, obviamente el trabajo nunca se terminaría.

Después Ian llegaría a casa.

Y entonces… ¿qué?

No podía simplemente decirles de repente que hablaran a solas. ¿Se suponía que debía guiar la conversación entre ellos de manera natural? Precisamente ese tipo de cosas eran aquello en lo que Jiha era absolutamente terrible. Solo pensarlo le provocaba dolor de cabeza.

Quizá si simplemente los dejaba solos, ellos mismos lo resolverían.

Quizá todo lo que debía hacer era apartarse en el momento adecuado.

De todos modos, los tres cenarían juntos. Empezar decidiendo qué pedir podría hacer que la conversación surgiera de manera natural. Compartir una comida facilitaría las cosas. Después de eso dependería de ellos dos, o más específicamente, de Yoo Taesung.

Jiha podría hacerse a un lado cuando llegara el momento… o quizá ambos terminarían saliendo por su cuenta.

De cualquier forma, todavía no estaba seguro de nada.

Sumido en esos pensamientos, Jiha se dirigió a la universidad.

Intentar algo que nunca había hecho antes hizo que las preocupaciones se acumularan antes siquiera de empezar. Solo esperaba no cometer un error y arruinar el ambiente. No quería que ninguna de las dos partes terminara resentida con él por esto.

Después de todo, lo hacía por ellos.

En algún momento, Jiha había empezado a tratar a Ian y a Yoo Taesung como si ya estuvieran destinados a terminar juntos. Incluso comenzó a creer que el hecho de que Ian hubiera aparecido en su insignificante vida era una señal del cielo o, mejor dicho, de la historia, de que su papel era conectar a Ian con una de las pocas personas que conocía: Yoo Taesung.

Su trabajo era unirlos.

Había tardado demasiado en dar vueltas alrededor del asunto.

La respuesta había estado ahí todo el tiempo.

Que ambos terminaran juntos era solo cuestión de tiempo.

Aunque Yoo Taesung todavía no fuera un Alfa, tenía muchas más probabilidades de despertar como uno que Jiha, e incluso si eso no ocurría, seguiría haciendo buena pareja con Ian.

De una forma u otra, el resultado estaría bien.

Jiha se obligó a creerlo, ignorando el dolor sordo que le oprimía el pecho.

—¡Oye, Jiha hyung-nim!

—… ¡Dios, me asustaste!

—Hoy es el día, ¿verdad? No lo olvidaste, ¿verdad? Llevo esperando esto.

—Sí.

Pero, aun así, ese tipo seguía siendo molesto.

Si Yoo Taesung realmente era la respuesta, ¿por qué tenía que ser él de entre todas las personas?

¿No podría haber sido alguien menos irritante?

¿Como el hermano Minhyuk, por ejemplo…?

Yoo Taesung le pasó un brazo por los hombros, parloteando con la expresión de alguien que tenía el mundo entero en sus manos. Y eso que ni siquiera estaban en la misma clase. Jiha apenas logró quitárselo de encima, ya que se le pegaba como una lapa, y se escabulló hacia el aula como si estuviera huyendo.

Independientemente de los sentimientos de Jiha, el día pasó volando, especialmente porque era uno de esos días con pocas clases.

Fuera del edificio no tuvo forma de evitar a un Yoo Taesung inquieto, que lo esperaba.

Juntos regresaron a la casa.

Por suerte, el trabajo avanzó mejor de lo esperado. Aunque tardó una eternidad en lograr que Taesung se concentrara, una vez que lo hizo, su eficiencia no era mala. Mientras organizaban la investigación que habían reunido y definían la dirección del proyecto, el tiempo se escapó.

Aunque todavía quedaban el gran obstáculo de la presentación y el informe, para entonces la estructura principal ya estaba más o menos terminada.

Fue entonces cuando Ian regresó a casa.

—Ya volviste.

—Oh, hola…

—¡Hola!

En el instante en que Ian entró, Taesung se iluminó y lo saludó con entusiasmo.

Los ojos de Ian se abrieron de sorpresa, pero enseguida le devolvió la sonrisa.

Entonces, de pronto, se cubrió la boca y frunció el ceño, endureciendo el rostro.

Jiha se apresuró a distraer a Yoo Taesung con el trabajo y se acercó a Ian.

—Oye, independientemente de lo que haya pasado antes, esta es prácticamente su primera presentación oficial. ¿No te parece un poco exagerado? Al menos intenta controlar la expresión.

—No, no es eso…

—¿Hm?

—Mi estómago…

—¿No te sientes bien?

—Sí. No sé por qué de repente.

Su aspecto no era bueno.

El momento no podía ser peor.

Jiha no estaba seguro de que hubiera valido la pena traer a Yoo Taesung.

Pero Ian rápidamente lo restó importancia, lo soportó y se sentó con ellos como si nada hubiera ocurrido.

—Estaban trabajando en el proyecto, ¿verdad? ¿Ya terminaron?

—No, ni de cerca…

—Básicamente terminamos. Llegaste justo a tiempo.

¿Terminaron?

Ni hablar.

—¿En serio? ¿No dijiste que era mucho trabajo?

—Bueno…

—Vamos, lo demás podemos hacerlo por separado, ¿no? No habrás pensado seriamente en terminarlo todo hoy.

Bueno, no.

Eso sería imposible.

Ni siquiera Jiha pensaba exigirle tanto a Yoo Taesung.

Pero ¿«básicamente terminado»? Eso era exagerar demasiado.

Jiha le lanzó una mirada incrédula, pero Yoo Taesung estaba demasiado concentrado en Ian para darse cuenta.

—Ya nos habíamos visto antes, ¿verdad? ¿Lo recuerdas?

—Oh, sí. Cuando vine a recoger a Jiha.

—Me siento honrado~ Estaba preocupado de que me hubieras olvidado, ya que hice tanto el ridículo aquella vez.

—También hablaste bastante entonces. Y no seas tan formal, eres mayor que yo, ¿verdad?

—¿Eres menor~?

Era un caos.

Jiha negó con la cabeza y se recostó en su asiento.

Yoo Taesung ni siquiera intentaba ocultar el interés que sentía por Ian. Sonreía de oreja a oreja y reaccionaba exageradamente a cualquier cosa que Ian hiciera. Sinceramente, parecía un tonto.

O, dicho de forma más amable, quizá solo parecía inocente.

Ian parecía inclinarse por esta última interpretación, porque incluso se veía un poco intrigado.

Gracias a la franqueza de Yoo Taesung, la conversación fluía con facilidad. Una vez que abandonaron los tratamientos formales, parecían más viejos amigos que cualquier otra cosa.

Jiha se recostó, respondiendo ocasionalmente con desgana cuando le hacían alguna pregunta, y simplemente observó.

El ambiente no era malo.

Ian, que había dicho que se sentía mal, seguía frunciendo el ceño de vez en cuando, pero solo por momentos breves. Y Yoo Taesung siempre lo notaba enseguida y se preocupaba por él, algo que parecía hacerle ganar puntos.

Ian tampoco parecía especialmente molesto con él…

Quizá ya era seguro apartarse.

Jiha reunió algunos papeles que abarrotaban la mesa y se fue saliendo de la conversación de forma casual. Se levantó para revisar opciones de comida a domicilio, algo fácil de comer mientras conversaban, pero también suave para el estómago. El malestar repentino de Ian seguía preocupándolo, ya que nunca había tenido problemas así antes…

Pero durante el poco tiempo que Jiha estuvo en la cocina, el ambiente entre los otros dos cambió.

No exactamente tenso…

Pero sí más pesado.

—¿Qué les pasa a ustedes dos?

—¿Eh?

—¿Qué quieres decir?

Ni siquiera parecían darse cuenta.

¿Qué demonios estaba pasando?

Jiha volvió a sentarse, confundido, justo cuando Yoo Taesung se levantaba diciendo que iba a la cocina a buscar agua.

—¿Estás bien?

—¿Qué?

—¿No dijiste que te sentías mal? ¿Por qué estás tan distraído?

—Mm… no me siento… bien.

Extraño.

Ian ya estaba cubierto de sudor frío.

Sus ojos temblaban, no de dolor, sino de pánico.

Había dicho que le dolía el estómago. ¿Se habría indigestado? La forma en que seguía cubriéndose la boca no parecía normal, así que Jiha se levantó apresuradamente para ir a buscar medicina a la cocina.

Pero entonces chocó de frente con Yoo Taesung, que salía de la cocina…

Y ese tipo también parecía nervioso.

¿Qué demonios les ocurría?

Por ahora, lo importante no era Yoo Taesung.

Jiha rebuscó apresuradamente en el armario donde guardaban los medicamentos.

Antiácidos…

Ahora que lo pensaba, se habían quedado sin ellos.

Ni Jiha ni Ian habían sufrido nunca de indigestión, así que nunca había pensado en tener algunos a mano. Ese era el problema.

En serio, ¿por qué tenía que ser precisamente hoy…?

Entonces se escuchó un fuerte estruendo desde el dormitorio.

—¡¿Qué demonios…?!

Sobresaltado, Jiha dejó caer el botiquín, desparramando todo su contenido, pero no tuvo tiempo de recogerlo.

Corrió directamente hacia la habitación.

Era un apartamento pequeño.

Solo había unos pocos pasos desde la cocina.

Y en esa corta distancia, el caos había estallado.

Todo lo que había sobre la mesa estaba volcado y esparcido por el suelo. Parecía que Ian o quizá Yoo Taesung se habían caído y lo habían tirado todo.

Ian estaba en el suelo.

Y Yoo Taesung lo sujetaba por el hombro.

—…¿Qué demonios estás haciendo?

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