¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 35

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡Esto no es un Omegaverso!
  4. Capítulo 35 - Rutina (4)
Prev
Next
Novel Info

—Para ser sincero, nunca he ido realmente a un club, así que no sé mucho del tema. ¿Alguien aquí sabe algo?

Su voz salió seca y serena, con un ligero matiz de irritación. Algunos lo miraron sorprendidos, abriendo mucho los ojos. Juraba que no había sido intencional.

—Oh, mírenlo~ ignorándome~

—¡Ja, ja! Ni yo te presentaría a nadie, Taesung. Eres un animal de fiesta que solo sabe beber.

—Vaya, ¿cuándo me gané esa reputación? Soy bastante fiel, ¿no?

Definitivamente no estaba de acuerdo con esa última afirmación. Su ceño volvió a fruncirse.

—¡Oigan, miren su cara! —señaló alguien, riéndose.

Gracias a que los miembros del grupo de estudio se dedicaron a burlarse juguetonamente de Yoo Taesung y a la conversación ruidosa que continuó, el ambiente no se volvió incómodo. Jiha suspiró en silencio, aliviado.

—En serio, no encontrarán a alguien como yo en ningún otro lugar.

—Jeje. Mírenlo. Rebosa confianza.

—En fin, ¿la gente no va mucho a ese lugar últimamente? Como el de la otra vez…

La conversación derivó naturalmente hacia las recomendaciones de clubes. Mientras los demás hablaban animadamente sobre qué club tenía buena música o cuál era malo, Jiha, desconectándose de la conversación, sacó rápidamente una libreta y un bolígrafo para anotar todo lo que decían. Numeró los lugares y añadió breves observaciones.

—¿Por qué estás tomando apuntes de esto?

—Qué gracioso. Es la primera vez que veo a alguien tomar notas sobre clubes.

Búrlense todo lo que quieran…

Jiha fingió que no le importaba y continuó escribiendo, aunque no pudo evitar que las orejas se le pusieran calientes. Mientras se burlaban de sus apuntes y discutían sobre si algunos nombres estaban equivocados o no, volvieron a enzarzarse en otra animada discusión. El más entusiasta de todos era precisamente Yoo Taesung, quien antes había estado quejándose.

—Pero ¿de verdad creen que irá? ¿No parece más bien alguien que se quedaría parado como una estatua?

—No es Jiha. Es su compañero de cuarto quien irá.

—¿Su compañero de cuarto va a ir solo?

—No, no… iremos juntos…

—Vaya. Eso es imposible. Hasta conseguir números en un club es difícil.

—Si quieres ligar, mejor ve a un parque acuático. Ahí también hay muchos de esos.

El tema pasó de los clubes a los lugares para ligar. Jiha tampoco pudo participar demasiado en esa conversación, pero como la información útil iba apareciendo poco a poco, escuchó atentamente y siguió tomando notas.

Ahora, en la libreta también había nombres de parques acuáticos y algunos pubs para ligar. Si elegían solo unos cuantos lugares de entre todos ellos, ya no tendrían que preocuparse por las salidas de fin de semana. Había sido una cosecha bastante productiva.

Ya iban por la tercera ronda de carne. El carbón bajo la parrilla, que había ardido con intensidad al principio, fue perdiendo calor poco a poco mientras seguían cambiando de tema y conversando sin parar.

Jiha guardó cuidadosamente la libreta en su bolso y, por fin, comió suficiente carne como para sentirse satisfecho. Los miembros del grupo de estudio bombardearon al recién llegado con todo tipo de preguntas y siguieron ofreciéndole bebidas.

Como ya había conseguido lo que quería, Jiha deseaba volver a casa cuanto antes. Por supuesto, él no tenía el valor de escabullirse por su cuenta, así que solo pudo marcharse cuando terminaron de recoger la carne y todos comenzaron a hablar de una segunda ronda con fideos fríos. Usó a Ian como excusa y se fue.

Las piernas le temblaban por el alcohol.

Por un momento consideró tomar un taxi, ya que la cabeza le daba vueltas, pero al final se obligó a subir al metro y regresar a casa. Según los estándares de la mayoría, ni siquiera había bebido tanto, pero preocupado por oler a alcohol, se pegó a una esquina junto a las puertas del vagón, intentando ocupar el menor espacio posible.

Parecía alguien desesperado por borrar su propia presencia.

Su mente, entumecida por haber estado rodeado de tanta gente después de mucho tiempo, se negaba a despejarse.

—¡Lee Jiha!

—¿Hm?

Jiha levantó la vista al escuchar de repente la voz de Ian cerca de una tienda de conveniencia próxima a casa.

Ian estaba de pie bajo una farola, con los brazos cruzados, observándolo. Fruncía el ceño y llevaba pantalones cortos y sandalias, así que debía de haber estado esperando bastante tiempo.

¿Por qué estaba allí?

Ah, cierto. Jiha le había dicho que ya iba de regreso.

—¡Te dije que volvieras antes del atardecer!

—Ah, sí… lo siento.

—¿Qué? ¿Has bebido?

—¿Huelo a alcohol?

—No. Además, no puedes beber tanto.

Era verdad.

Se había preocupado por nada.

Ian le sujetó firmemente la muñeca y comenzó a guiarlo hacia casa. Sus quejas acerca de romper todas las reglas y causar problemas la próxima vez se perdían en el bochornoso aire de la noche de verano.

Aunque Jiha le había avisado con antelación sobre la reunión para beber, Ian seguía refunfuñando.

Jiha quería discutir, pero sabía que, después de unas cuantas copas, seguramente acabaría hablando de forma torpe. Así que permaneció callado y se dejó llevar.

—¿Qué haces aquí afuera?

—Me preocupaba que estuvieras fuera de ti como la otra vez.

—Hoy estoy bien… se me pasó durante el camino.

—¿De verdad? Qué lástima.

—¿Qué?

—Cuando estás borracho, te vuelves adorable.

¿Qué tonterías eran esas?

Jiha ignoró las absurdidades de Ian y sacó con orgullo la libreta que había guardado cuidadosamente. La abrió por la última página y se la mostró.

—Mira esto. Saqué algo útil.

—¿Algo?

—Sitios para ligar. Vale la pena probar estos.

—¿Fuiste a una reunión para beber por esto?

—Jeje.

—Primero ve a lavarte y despeja esa cabeza.

Con el bolso colgando a medio cerrar de un hombro, Jiha sonrió tontamente, e Ian lo miró con exasperación antes de empujarlo hacia el baño.

¿Por qué reaccionaba así?

Jiha refunfuñó, preguntándose si no habría hecho suficiente esfuerzo, pero al final simplemente dejó caer el bolso al suelo —más bien lo arrojó— y obedientemente fue a asearse.

Después de sentirse más ligero y terminar de arreglarse, una oleada de cansancio lo golpeó con retraso.

Apenas se cambió de ropa, se desplomó directamente sobre la cama.

Ian, que había estado revisando la libreta, se acercó y se sentó junto a él.

—Hay muchas cosas aquí.

—Bueno… será difícil ir a todos… solo a algunos…

—Mmm. Déjame ver…

—Deberías revisarlo primero… y si hay algún sitio…

—Entendido. Duerme un poco. Pareces cansado y algo borracho.

—Estoy completamente despierto…

—Los borrachos siempre dicen eso.

—Tienes razón… estoy cansado.

Ian le subió la manta y le dio unas suaves palmaditas. Era un gesto muy delicado, aunque también parecía decirle «duérmete de una vez».

Eso lo irritó bastante.

Quizá era simplemente un berrinche de borracho… pero aun así quería que reconocieran su esfuerzo.

—Pero lo hice bien, ¿verdad?

—¿Hm?

—Ahora podrás encontrarlos más fácilmente.

—Sí. Buen trabajo. Te esforzaste mucho.

—Ja, ja.

—Querías que te alabara, ¿verdad?

—Sí…

Ian lo miró desconcertado, pero Jiha cerró los ojos con una expresión satisfecha.

Sí. Lo había hecho bien.

La reunión, llena de conversaciones que solo ellos entendían, había sido terriblemente aburrida, y quedarse allí bebiendo apenas un poco había sido aún peor. Pero al menos había obtenido resultados.

Había valido la pena soportarlo.

—¿Vas a dormir?

—Tú me dijiste que durmiera…

—¿No tienes nada más que decirme? ¿Nada que quieras hacer?

—¿De qué estás hablando…?

En algún momento, Ian se había acostado de lado junto a él, sosteniendo la libreta, y lo miraba con ojos expectantes.

Jiha parpadeó pesadamente, vencido por el cansancio, y le devolvió la mirada.

¿Qué se suponía que debía decir?

¿Qué se suponía que quería hacer?

Ian entrecerró ligeramente los ojos y le tocó los labios con el dedo índice.

Aun así, Jiha no entendió qué significaba.

—No sé… tengo sueño.

El calor de Ian hacía que sus párpados se negaran a abrirse.

Da igual.

Dormiría.

Eso era todo.

Jiha abrazó aquella presencia cálida y agradablemente perfumada y se quedó dormido.

Había sido un día agotador.

—Qué gracioso…

Ian contempló a Jiha, que dormía abrazándolo con fuerza, y dejó escapar una sonrisa amarga.

¿Cómo podía quedarse dormido de una manera tan aburrida?

La última vez que se emborrachó, Jiha había estado empeñado en chuparlo, así que Ian había albergado en secreto la esperanza de que existiera algún hábito extraño cuando bebía, pero parecía que no era así.

Cuando intentó provocarlo un poco, Jiha se quedó dormido antes de que pudiera hacerlo.

Debía de estar realmente agotado.

Ian enterró la nariz en el pecho de Jiha y le acarició suavemente la cabeza mientras revisaba la libreta que sostenía.

Las notas, llenas de nombres de clubes y sus características, eran sorprendentemente ordenadas, igual que su dueño.

Aunque seguramente las había escrito en medio de una reunión para beber, todo estaba perfectamente alineado: qué tipo de música ponía cada club, cuál ofrecía bebidas gratis hasta cierta hora y demás detalles, todos anotados con pulcritud.

Cualquiera que lo viera pensaría que se trataba de apuntes para un examen.

Ian se rio, temblándole ligeramente los hombros. Jiha se removió incómodo, pero no despertó.

Los clubes y pubs que aparecían en la libreta eran, sin duda, lugares que Jiha jamás habría pisado en toda su vida si no fuera por la búsqueda de la pareja alfa de Ian.

Bailar.

Ligar.

Beber.

Todo aquello eran cosas que Jiha evitaba o detestaba.

Además, incluso las pequeñas multitudes parecían incomodarlo.

Resultaba bastante admirable que hubiera soportado todo eso y hubiera accedido a ir de mala gana.

Incluso había asistido a reuniones incómodas únicamente para recopilar información.

Aunque se quejara diciendo que no entendía por qué tenía que involucrarse en semejantes cosas, Ian sabía perfectamente que Jiha se preocupaba sinceramente por él y se estaba esforzando de verdad.

Si tan solo pudiera expresarlo de una manera un poco más amable.

Ian no podía permitir que todo ese esfuerzo se desperdiciara.

Extendió la mano y buscó a tientas el teléfono que había dejado tirado a un lado. Intentar moverse lo menos posible para no despertar a Jiha era más difícil de lo que había imaginado.

Con Jiha entre sus brazos, la libreta en una mano y el teléfono en la otra, comenzó a investigar diligentemente los lugares que Jiha había anotado.

Este no parece adecuado…

Pero este…

No está mal.

Todos los lugares recomendados parecían ser bastante conocidos, pues bastó una búsqueda rápida para encontrar abundantes reseñas útiles.

Tras un rato revisándolas, Ian organizó en la aplicación de notas los lugares que quería visitar y aquellos que prefería descartar, y luego lanzó el teléfono hacia el extremo de la cama.

Después volvió a abrir la libreta.

Parecía ser la misma que Jiha utilizaba para estudiar, con aproximadamente dos tercios ya llenos de apuntes densos.

La escritura, ordenada únicamente en negro, rojo y azul, era tan pulcra que incluso las sangrías perfectamente alineadas parecían una obra de arte.

Jiha parecía valorar mucho el orden en general, pero Ian no esperaba que su personalidad también se reflejara de esa manera.

Deslizó suavemente los dedos sobre el papel, sintiendo el relieve de las letras marcadas con fuerza.

Pensó en dejar un pequeño dibujo en alguna esquina por diversión, pero, lamentablemente, no tenía un bolígrafo.

Quizá podría colar uno más adelante.

¿Se molestaría?

Ian cerró cuidadosamente la libreta para no doblarla y la dejó a un lado. Después abrazó a Jiha, que seguía aferrado a él.

Jiha enterró completamente la cabeza en su pecho y continuó durmiendo.

Ian sabía que debía apagar la luz, pero con Jiha así no podía marcharse.

Si tan solo hubiera un control remoto o algo parecido.

Aunque Jiha parecía dormir tan profundamente por el alcohol que probablemente no se despertaría aunque se moviera un poco… Ian simplemente no quería hacerlo.

Al final, levantó la fina manta de verano para cubrir parcialmente la luz.

Bajo la manta era como una pequeña habitación privada para ellos dos.

La tela no bloqueaba la luz por completo, pero resultaba lo bastante acogedora.

Aun así, realmente necesitaba encontrar un alfa…

Pero cada vez que salían juntos, terminaba olvidando por completo el motivo principal, y eso era un gran problema.

Explorar lugares nuevos y descubrir sabores diferentes resultaba mucho más divertido de lo que había imaginado, hasta el punto de absorberlo por completo y hacerle olvidar la búsqueda del alfa.

Además, ayudaba que también fuera una primera vez para Jiha.

No era solo Ian quien descubría cosas nuevas; podían perderse juntos.

Como sus «ajustes» estaban prácticamente vacíos, Ian tenía muchísimas cosas que nunca había probado y muchos lugares que jamás había visitado, por lo que aún no tenía claras sus preferencias.

Jiha, por su parte, había pasado gran parte de su vida encerrado en su habitación, había experimentado pocas cosas y visitado pocos lugares, y parecía igual de inseguro respecto a sus propios gustos.

A pesar de sus personalidades tan distintas, quizá tenían más cosas en común de las que parecía.

Si escuchara algo así, Jiha seguramente negaría con la cabeza y diría:

«¿Qué tonterías estás diciendo?»

Ian ni siquiera necesitaba verlo para saberlo.

La imagen de la reacción de Jiha era tan vívida y divertida que soltó una pequeña risa mientras le hacía cosquillas en la mejilla.

Jiha frunció ligeramente las cejas, dejó escapar un leve gemido y luego exhaló lentamente antes de volver a respirar con tranquilidad.

Conocerse mutuamente era divertido.

Cuanto más aprendía Jiha sobre Ian, más adorable y entretenido le parecía.

Ian se sentía un poco culpable al admitirlo, pero las reacciones honestas de Jiha hacían que molestarlo fuera aún más divertido.

Ligar…

Si iban juntos a lugares como esos, Jiha seguramente se pondría completamente nervioso, ¿verdad?

Estaría tenso, atento a todo, vigilándolo constantemente.

Solo imaginarlo hacía que las comisuras de sus labios se curvaran.

Sinceramente, no estaba seguro de que esta vez lograran encontrar un alfa sin volver a olvidarlo.

Bueno…

Si realmente existía un alfa, ¿no debería desprender algún tipo de aroma de todos modos?

Ian sonrió satisfecho, se hundió aún más bajo la manta y apoyó la frente contra la de Jiha mientras el sueño comenzaba a vencerlo.

Una cama estrecha.

Una manta cubriéndoles la cabeza.

Los dos acurrucados, pegados el uno al otro.

Por incómodo que fuera, aquella sensación le resultaba extrañamente familiar.

Dejándose llevar por el calor, Ian fue quedándose dormido poco a poco.

Sus respiraciones, lentas y tranquilas, terminaron mezclándose en la oscuridad.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first