¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 32
La salida al cine había sido realmente divertida. Incluso le hizo pensar que quizá pasar las vacaciones de esa manera no sería tan malo después de todo.
Pero las vacaciones de Jiha, que transcurrían sin darle un respiro, estaban muy lejos de ser agradables. Se despertaba por la mañana, se aseaba, se vestía, tomaba el metro hasta la academia, asistía a las sesiones de estudio después de clase y luego regresaba a casa cargado con montones de tareas por terminar. También tenía que memorizar tantas palabras de vocabulario como exigía el grupo de estudio. Aunque eran vacaciones, por alguna razón estaba extrañamente ocupado. Jiha no tenía confianza en los idiomas extranjeros, así que estudiar le resultaba especialmente difícil.
A diferencia de Jiha, Ian disfrutaba de una vida cotidiana agradable todos los días. Al parecer, todavía no había experimentado los inevitables conflictos con el jefe ni la frustración que traen los clientes difíciles cuando se trabaja a tiempo parcial. Por el contrario, Ian solía volver a casa con regalos: flores individuales, pequeñas cajas de postres o guarniciones preparadas con esmero. Además, parecía haberse acercado mucho más a Minhyuk.
Para cuando Jiha terminaba sus clases, las sesiones de estudio y lograba avanzar algo con sus tareas, Ian estaba prácticamente terminando de trabajar. Entonces Jiha iba a recogerlo. En parte era para caminar juntos, pero también porque, por más familiarizado que Ian estuviera con el camino, Jiha seguía preocupado de que se perdiera si volvía solo.
De hecho, Ian había pedido ayuda aproximadamente una vez por semana después de perderse, así que la preocupación de Jiha no era infundada. Tras ir a recogerlo varias veces, resultó extraño dejar de hacerlo y, de manera natural, aquello se convirtió en parte de su rutina diaria.
Cuando llegaba a la florería, la escena que lo esperaba era la de dos hombres atractivos rodeados de flores brillantes: Ian y Minhyuk. Siempre parecían muy felices, mirándose y conversando con sonrisas radiantes, tan hermosas como las flores que los rodeaban.
Parecía una escena sacada directamente de un drama: uno de esos episodios iniciales, cuidadosamente producidos y llenos de filtros que hacen que todo se vea perfecto.
Normalmente, Jiha simplemente admiraba aquella imagen, pero por alguna razón esta vez lo hacía sentirse abatido. Era como si un extra fuera obligado a actuar torpemente junto a una estrella famosa.
—¡Lee Jiha!
—Ah…
—¿Por qué siempre esperas afuera en lugar de entrar? Hace calor, así que pasa.
Ian se quejaba en cuanto veía a Jiha rondando por fuera y salía a buscarlo. Entonces Jiha lo seguía hasta el interior de la florería. Aunque Minhyuk ya había empezado a hablarle con más confianza, Jiha todavía se sentía incómodo cada vez que se inclinaba para saludarlo.
Minhyuk siempre era amable con él y, sin duda, era una especie de buen hermano mayor, pero Jiha se sentía incómodo a su alrededor. ¿Por qué sería?
Después de recoger a Ian y volver a casa, cenaban juntos y luego Jiha regresaba a su escritorio para terminar la tarea. Aun así, como normalmente terminaba temprano por la noche, seguía siendo mejor que durante el semestre, por muy ocupado que estuviera. Cuando Jiha terminaba, Ian, que sorprendentemente había permanecido tranquilo y bien portado, comenzaba a hablar con entusiasmo. Las noches transcurrían principalmente escuchando las historias de Ian o dando paseos nocturnos.
Después, como siempre, se dormían en la misma cama. El clima se estaba volviendo más cálido y compartir una cama estrecha entre dos hombres empezaba a sentirse algo incómodo. Jiha consideró comprar otra manta, pero decidió que era mejor pagar más electricidad y usar el aire acondicionado.
Como su primer encuentro había sido precisamente en aquella cama, ya no estaban en la etapa de discutir si debían dormir juntos o no (Jiha prácticamente se había rendido), y las mantas tampoco eran baratas. Además, tampoco parecía correcto obligar a uno de los dos a dormir en el incómodo suelo. Por todas esas razones, Jiha e Ian llevaban casi cuatro meses compartiendo la misma cama.
De todos modos, los días entre semana de Jiha durante las vacaciones eran bastante tranquilos una vez que llegaba a casa. La academia, o más concretamente las sesiones de estudio, eran el verdadero problema.
La razón por la que Jiha encontraba tan dolorosas las sesiones de estudio no era nada especial. Simplemente había demasiados «integrados» en el grupo. O mejor dicho, el problema era que todos lo eran. Había demasiadas conversaciones innecesarias en el grupo de estudio; al menos, innecesarias desde el punto de vista de Jiha. Todos hablaban fuerte y rápido. Jiha nunca conseguía encajar realmente en aquel ambiente tan animado.
Por supuesto, eso no significaba que no estudiara. Sorprendentemente, Yoo Taesung, que una vez más se había convertido en el líder del grupo, dirigía muy bien las sesiones. También cumplía con sus propias tareas sin retrasarse. Costaba creer que fuera la misma persona que había holgazaneado tanto durante el trabajo grupal.
Sí, las sesiones de estudio en sí no eran un gran problema. Era doloroso no poder unirse a las conversaciones, pero eso era algo habitual para Jiha, así que no quería culpar a esa situación una vez más. El verdadero problema venía después.
Al terminar las sesiones, Yoo Taesung siempre proponía cenar con los miembros del grupo. Había un restaurante decente cerca y, como todos tenían que comer de todos modos, podían cenar juntos. También era una oportunidad para fortalecer la camaradería y beber algo. Las excusas variaban: «Hoy fue duro, tomemos algo», y cosas por el estilo.
Todos los demás miembros, excepto Jiha, asistían naturalmente a aquellas reuniones. Como las salidas después de estudiar se habían vuelto una costumbre, incluso si Yoo Taesung no las proponía, alguien siempre preguntaba primero:
—¿A dónde vamos hoy?
Así que Jiha siempre inventaba alguna excusa para no ir. No quería comer rodeado de personas con las que se sentía incómodo ni escuchar conversaciones en las que no participaba. Al día siguiente, el grupo hablaba sobre la reunión de la noche anterior, lo que hacía todavía más difícil que Jiha pudiera integrarse. Y así el ciclo se repetía: evitaba la cena, se perdía las conversaciones y quedaba atrapado en un interminable círculo vicioso.
Lo mismo sucedió aquel día. La presencia de Jiha se desvaneció de forma natural.
Era agotador quedarse sin energía social día tras día de esa manera. Deseaba poder tener un poco de tiempo tranquilo a solas en algún lugar. Jiha pensó eso mientras regresaba a casa arrastrando los pies. Por supuesto, todavía no había nadie en casa y seguramente estaría en silencio… pero ese no era el tipo de descanso que deseaba. Definitivamente necesitaba un respiro.
—¡Otra vez, otra vez! ¡Otra vez estás esperando afuera!
—Ah, hola.
—¿Hola? ¿Para qué saludas así? Solo entra. Hace muchísimo calor afuera.
—No creo que haga tanto calor…
Ian se quejó como de costumbre mientras tiraba de Jiha hacia el interior de la florería. Minhyuk, que parecía haber estado envolviendo flores, saludó a Jiha alegremente mientras sostenía un gran ramo. Su sonrisa brillante seguía siendo tan atractiva como siempre. No era como si su apariencia pudiera cambiar de un día para otro.
—¿Por qué siempre esperas afuera en vez de entrar?
—Bueno… Están trabajando. No quiero molestarlos…
—Sabes que ya casi terminamos. Además, en realidad no haces nada que pueda molestarnos.
Ian miró a Minhyuk buscando apoyo. Minhyuk asintió varias veces con una sonrisa, colocó una etiqueta en el ramo y lo dejó cuidadosamente sobre un soporte.
—¿Ves? Está bien que te quedes adentro, Jiha. Además, afuera cada vez hace más calor.
—S-sí… Lo haré. Lo siento.
—¡Jajaja! No dije que tuvieras que disculparte.
—¡Te disculpas por todo!
Jiha no podía decir que dudaba en entrar porque Minhyuk lo hacía sentir incómodo, así que respondió vagamente y terminó siendo regañado por Ian. Aun así, este lugar era más cómodo que la academia o las sesiones de estudio. Al menos aquí no lo trataban como si fuera invisible. Le preguntaban cómo había estado su día y hablaban con él, y aunque a veces aquello resultaba un poco molesto, no se sentía mal recibir una atención tan amistosa.
Jiha se sentó tranquilamente en una mesa dentro de la tienda mientras Ian terminaba algunos encargos de Minhyuk y ordenaba el local. El interior de la florería, todavía iluminado por la luz del día, era tan hermoso que simplemente mirar a su alrededor lo tranquilizaba. Las flores eran grandes y de colores intensos, así que Minhyuk debía cuidarlas muy bien. Aunque, claro, Jiha no sabía absolutamente nada sobre flores.
Ian, claramente de muy buen humor, no dejaba de conversar y reír con Minhyuk. Como siempre, los dos parecían una imagen perfecta juntos. Habría sido bonito que Minhyuk fuera un Alfa; entonces su historia podría haber terminado rápidamente con un final feliz. Pero quién sabía, quizá después de tanto contacto con Ian, Minhyuk incluso podría despertar como Alfa. Alto, atractivo, de hombros anchos y cintura delgada, se parecía bastante al tipo de Alfa que Ian solía describir.
¿Y si el Alfa que Ian buscaba no era uno de esos hombres musculosos del gimnasio, sino alguien como Minhyuk?
Si era así, Jiha se sentía como una tercera rueda y se preguntaba si no sería mejor apartarse para que Ian y Minhyuk pudieran pasar más tiempo juntos.
—¡Hyung! Ya me voy.
—Está bien. Gracias otra vez por hoy. Trabajaste duro.
—Sí. ¡Nos vemos mañana!
—Ah, y toma esto.
Minhyuk le entregó a Ian una rosa rosada envuelta por separado con mucho cuidado. Dijo que estaba demasiado abierta para venderla, pero a Jiha le parecía perfectamente vendible. Al ver a Ian tan feliz, como si hubiera estado deseándola desde hacía tiempo, parecía evidente que Minhyuk la había elegido especialmente para él.
«Qué romántico… ¿Habré sido una molestia al venir a recogerlo?»
De camino a casa, Ian tarareaba alegremente mientras caminaba junto a Jiha, que bostezaba sintiéndose pesado y agotado. Sus niveles de energía no podían ser más diferentes.
—Ah, cierto. Esta semana iremos de compras. No lo has olvidado, ¿verdad?
—Eh, ah, sí.
—¿Eh? Tienes cara de haberlo olvidado.
—Pero… ¿ir de compras ayuda a encontrar un Alfa?
—Debería. Habrá mucha gente. Pero eso no es lo importante ahora. Lo importante es comprarte ropa.
—Eso parece lo menos importante…
—Cállate. Voy a encontrarte un nuevo estilo.
Y así, su plan para el fin de semana quedó decidido de forma natural. Ir de compras… Quizá sería mejor que Ian fuera con Minhyuk y no con él. Pero al ver a Ian pensando seriamente en qué ropa y qué colores le quedarían bien, Jiha no dijo nada. Bueno… su armario era bastante aburrido y ya se lo habían dicho varias veces. Tal vez esta fuera una buena oportunidad para renovar su ropa.
—También iremos a un buen restaurante, ¿de acuerdo?
—Elige lo que quieras comer.
Ir de compras no sonaba tan mal. Jiha sacudió la cabeza, intentando alejar la imagen persistente de Ian y Minhyuk mostrándose tan afectuosos. Ian lo miró con curiosidad, pero Jiha decidió fingir que no se daba cuenta.