¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 19

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡Esto no es un Omegaverso!
  4. Capítulo 19 - Fatiga (2)
Prev
Next
Novel Info

—Puede parecer fácil, pero si no utilizas correctamente este grupo muscular, podrías lesionarte. Además, el ejercicio pierde efectividad.

—Ah… sí, definitivamente puedo sentir más tensión en los músculos cuando lo hago así…

El entrenador era amable, demasiado amable incluso. Ni siquiera se habían inscrito en entrenamiento personal, y aun así corregía posturas y explicaba todo con lujo de detalles.

Para Jiha, en realidad era agradable que le aclararan sus dudas: cómo colocarse, dónde aplicar la fuerza y cosas por el estilo. Lo único extraño era que… la mirada del entrenador nunca parecía apartarse de Ian, a pesar de que quien estaba usando las máquinas era Jiha.

—Ian, ¿alguna vez has aprendido a hacer ejercicio?

—Uh, mm… no, creo que nunca he usado máquinas de gimnasio.

—Entonces lo más importante es aprender primero la postura correcta. Los entrenadores profesionales de nuestro gimnasio…

Ni siquiera parecía interesado en lo que Jiha decía. Jiha reunió la poca energía social que tenía para responder con entusiasmo, pero aun así no conseguía desviar la atención del entrenador de Ian, que fingía examinar la máquina mientras observaba el lugar.

No era la primera vez que la escasa presencia de Jiha lo volvía prácticamente invisible, pero esta vez se sentía diferente. No era exactamente vergüenza, sino algo más difícil de describir.

El entrenador seguía insistiendo en que no intentaba obligarlos a contratar entrenamiento personal mientras continuaba sus explicaciones dirigidas a Ian. Aunque Ian no parecía demasiado interesado en ejercitarse, al menos escuchaba con atención.

En realidad, daba igual a quién estuviera mirando el entrenador. Escuchar desde un lado ya era útil. Las explicaciones eran tan claras que Jiha podía seguirlas fácilmente.

Pasaron de una máquina a otra, y Jiha hacía diligentemente todo lo que le indicaban. El entrenador seguía más pendiente de Ian, pero a Jiha no le molestaba. Estaba aprendiendo mucho sobre cómo utilizar sus músculos. Mientras tanto, Ian lo observaba con curiosidad.

—¿Por qué te esfuerzas tanto?

—Es divertido. Además, normalmente no te enseñan tantas cosas si no pagas entrenamiento personal. Ya que estamos aquí, mejor aprovechar.

—¿Eres de los que disfrutan este tipo de cosas?

El sudor comenzó a formarse sobre la frente de Jiha. Aquello le recordó que realmente disfrutaba hacer ejercicio: sudar y sentir el ardor en los músculos.

Solo había dejado de hacerlo porque aquel semestre había sido demasiado caótico y ocupado, pero en realidad tenía un juego de mancuernas en casa. Quizá esta era una buena oportunidad para apuntarse al gimnasio y volver a entrenar con regularidad.

Antes de darse cuenta, Jiha ya estaba completamente concentrado, levantando la barra con seriedad.

Podía sentir cada músculo trabajando, el calor extendiéndose por su cuerpo, el sudor apareciendo, la postura alineándose. Cuando se esforzaba hasta que los brazos le temblaban, aquella agradable molestia muscular le resultaba satisfactoria.

Estaba tan absorto que ni siquiera notó cuándo el entrenador se alejó.

Incluso Ian, que parecía incapaz de adaptarse al ambiente del gimnasio, había desaparecido. Jiha solo se dio cuenta cuando comenzó a sentir sed y se levantó.

—¿Ian?

Secándose la frente, miró a su alrededor.

El gimnasio era grande y estaba lleno de gente, pero alguien como Ian no debería ser difícil de encontrar. Y, efectivamente, a lo lejos había un pequeño grupo reunido. Eran tan corpulentos que bloqueaban la vista, pero alguien estaba claramente en el centro.

Probablemente Ian.

Jiha dejó rápidamente las pesas en su sitio y se acercó trotando.

Le preocupaba que hubiera ocurrido algo, pero el ambiente era sorprendentemente alegre.

Por desgracia, dos de los hombres más grandes del gimnasio estaban plantados junto a Ian, así que Jiha tuvo que estirar el cuello entre sus enormes brazos para intentar verlo.

Solo eran cuatro personas, pero aun así resultaba difícil acercarse.

«¿Será por el tamaño… o por la intimidación de tantos músculos?»

Sintiéndose incómodo, Jiha decidió retroceder por el momento.

Ian estaba sentado tranquilamente sobre una máquina de remo como si fuera un banco, conversando con ellos. Por mucho que se mirara, no parecía alguien que hubiera ido a hacer ejercicio, y aun así aquellos hombres musculosos, que parecían vivir únicamente para entrenar, conseguían mantener la conversación.

—¿Es tu primera vez haciendo ejercicio? Entonces necesitas que alguien te enseñe. No hace falta que pagues entrenamiento personal; llevo años entrenando.

—Oiga, señor, no le quite el trabajo a los entrenadores.

—Jajaja. Nunca había visto esa máquina. Enseñarme será complicado.

La conversación parecía ir por ese camino.

Incluso le preguntaban a Ian qué le habían parecido algunos ejercicios, así que probablemente ya lo habían puesto a probar varias máquinas. Su camiseta estaba ligeramente húmeda por el sudor.

Uno de ellos le ofreció una bebida deportiva, recordándole que debía mantenerse hidratado. A pesar de su apariencia intimidante, eran bastante amables, e Ian parecía estar disfrutando.

Bueno, conocer gente y descubrir su personalidad también podía ser una forma de encontrar a alguien cercano a un Alfa, así que aquello no era algo malo.

Después de todo, no estaban allí por Jiha.

Habían ido para encontrarle una pareja a Ian.

Al menos así lo veía Jiha.

«Supongo que no debería estorbar.»

Secándose el sudor del cuello, se apartó torpemente.

Era mejor dejar que Ian se ocupara de sus asuntos mientras él seguía haciendo ejercicio.

Por eso volvió a la zona de las pesas.

Sin embargo, su mirada seguía desviándose hacia donde estaba Ian, o más exactamente, hacia el grupo de hombres musculosos.

No podía librarse de cierta inquietud.

No porque temiera que le hicieran daño a Ian, sino porque le preocupaba que fuera Ian quien hiciera algo.

Temía que terminara causando problemas.

Hacía tiempo que no le venía a la mente cierto título de capítulo, aquel de «sexo descarado».

Aquella historia estaba llena de situaciones que fácilmente podían suceder en un lugar como este… e Ian encajaba perfectamente con el tipo de protagonista que describía.

Jiha jamás podría olvidarlo.

Y, efectivamente, incluso Jiha, que normalmente era bastante despistado, acabó dándose cuenta de que el ambiente allí no era completamente amistoso.

Esta vez, sin embargo, no parecía culpa de Ian.

Un hombre cuyo pecho tensaba la camiseta negra estaba de pie junto a Ian, enseñándole a usar una máquina.

Tenía facciones atractivas y un cuerpo alto y bien proporcionado que le daba aspecto de galán.

Jiha no sabía si así era un Alfa, pero según las descripciones de Ian, podía acercarse bastante.

Y, además, Ian parecía llevarse bien con él, sonriéndole cálidamente mientras conversaban.

El problema era que las manos y la mirada de aquel hombre se demoraban demasiado.

Aquella expresión le resultaba extrañamente familiar a Jiha.

La había visto antes.

La vez que fueron a reparar el teléfono de Ian, el empleado de la tienda lo había mirado de la misma manera.

La forma en que seguía haciéndole preguntas personales también le recordó a aquella ocasión.

Eso no era lo importante, pero…

—Ahora pon el pie aquí…

No había ninguna razón para sujetar el tobillo o la pantorrilla de Ian solo para colocar su pie sobre la plataforma.

—Sujeta el mango así. Haz fuerza desde el lado del meñique. Mantén los hombros atrás…

Tampoco había necesidad de colocarse tan cerca de él, prácticamente abrazándolo para corregirle la postura.

«¿Eso no es… acoso?»

En el mundo de Ian, el acoso disfrazado de coqueteo era algo habitual.

Pero esto no era un Omegaverso.

Y aquello… no estaba bien.

Durante un instante se le pasó por la cabeza que Ian tenía guardado su número como «Papá», y que, estuviera siendo acosado o no, estaba aprovechando la situación para buscar un Alfa.

Sin embargo, Jiha ya se encontraba caminando hacia él.

—Uh, Ian…!

—¿Hm?

—¿Eh?

—Ah, perdón, ¿podrían… hacerse un poco a un lado? Gracias. Sí.

Habría sido estupendo que Jiha pudiera acercarse con confianza y preguntar qué demonios estaba haciendo aquel hombre.

Pero, desgraciadamente, su personalidad —y la falta de espacio— no se lo permitían.

Con aquellos hombres enormes rodeando a Ian, Jiha tuvo que asomarse entre sus hombros, pedir disculpas varias veces y abrirse paso entre sus brazos antes de conseguir encontrarse con la mirada de Ian.

—¿Hm?

—Es que… bueno…

Tenso por tener de repente a tantos hombres musculosos mirándolo a la vez, Jiha observó nerviosamente a su alrededor y sujetó el antebrazo de Ian.

El hombre sentado detrás de Ian lo miró con evidente desagrado por haber interrumpido.

Durante un instante, Jiha se arrepintió.

Quizá no debería haber intervenido.

Pero ya lo había hecho.

Y ahora no podía echarse atrás.

Una pequeña dosis de terquedad apareció.

—¿Nos vamos?

—¿Ya?

—Es que… estoy sudando demasiado…

Las cejas de Ian se arquearon con desconcierto.

«¿No se supone que sudas cuando haces ejercicio?»

Eso parecía decir su expresión.

Y no le faltaba razón.

Además, la ropa era prestada por el gimnasio, así que no importaba si se mojaba.

Jiha realmente debería haber pensado una excusa mejor antes de acercarse de aquella manera.

Al menos había conseguido separar un poco a aquel hombre de Ian.

—Hm… bueno, está bien.

Aunque parecía reacio, Ian observó la expresión incómoda de Jiha y finalmente asintió antes de ponerse de pie.

Jiha sudaba todavía más bajo las miradas concentradas de todos aquellos hombres.

Parecía casi como si estuviera haciendo una pequeña rabieta, queriendo que Ian lo obedeciera sin saber muy bien por qué.

—Lo siento, hyung. Solo vinimos a echar un vistazo, así que no podemos quedarnos mucho tiempo. Deberíamos irnos.

—¿Qué? No puede ser. Si viniste a entrenar, deberías quedarte al menos una hora.

El hombre sentado detrás de Ian lo sujetó mientras hablaba con una voz artificialmente dulce, como si realmente no quisiera dejarlo marchar.

Y por sujetarlo se refería literalmente a sujetarlo.

Pasó un brazo alrededor de los hombros de Ian y se inclinó para susurrarle al oído.

Parecían amantes.

Ian entrecerró los ojos y sonrió, claramente no muy molesto por aquello.

Jiha volvió a arrepentirse de haber intervenido.

—Qué problema. Vivir una vida tan popular que termina convirtiéndose en una molestia.

Las palabras que Ian murmuró con un ligero suspiro resultaban increíblemente engreídas, pero gracias a su tono juguetón y a su expresión despreocupada, sonaron simplemente como una broma.

Tomó suavemente la mano apoyada sobre su hombro, entrecerró los ojos y le susurró algo al hombre.

Su mirada seductora brilló.

Incluso Jiha pudo ver cómo el hombre tragaba saliva.

—Si tenemos oportunidad, volvamos a vernos, hyung. Entonces podremos pasar más tiempo juntos, los dos solos.

—E-entonces… ¿intercambiamos números?

—Mmm, prefiero los encuentros naturales. Son más románticos.

Después de derretir al hombre con su voz suave, Ian se levantó y golpeó ligeramente el hombro de Jiha, que seguía allí de pie de forma incómoda, antes de dirigirse hacia los vestidores.

Jiha se apresuró a seguirlo.

Incluso durante el corto trayecto hasta el vestuario, Jiha sintió las miradas de aquellos hombres sobre ellos.

Deliberadamente caminó un par de pasos detrás de Ian, sin querer provocar malentendidos.

—¿Qué fue todo eso? Era una buena oportunidad. Unos chicos guapos estaban intentando ligar conmigo.

—Uh…

Jiha estuvo a punto de decir:

«No vinimos para eso».

Pero, en realidad…

Sí habían venido para eso.

No había pensado en lo que ocurriría después de encontrar un Alfa, pero si el objetivo de una comedia erótica era, como decía Ian, el sexo, entonces tarde o temprano Ian tendría que acostarse con el Alfa.

Para descubrir si alguien era un Alfa o tenía potencial para serlo, era necesario acostarse con esa persona.

Debían comprobar si reaccionaba a las feromonas de Ian.

Así que Jiha había arruinado una valiosa primera oportunidad solo porque pensó:

«Quizá estén acosando a Ian».

Y ni siquiera era el caso.

—Solo me pareció que se estaba acercando demasiado.

—Por supuesto que lo hacía. Estaba intentando seducirme para acostarse conmigo.

—C-cierto…

—¿Estás celoso o algo así? No me digas que puedes rechazarme cuando intento algo contigo, pero te molesta verme con otra persona.

—No, no es eso. Y, además, para que quede claro porque me parece un poco injusto. Aunque te rechazara, al final terminé haciéndolo todo yo, ¿recuerdas?

—Eso es cierto. Buen chico. Entonces, ¿ahora lo harás sin quejarte?

—No dije eso.

—¿Ves? Cuando realmente lo intentas, lo haces bastante bien. El problema es que siempre intentas evitarlo.

Jiha quiso protestar por aquello de «lo haces bastante bien», pero no era completamente falso, así que no pudo.

Con expresión malhumorada, se quitó las gafas y comenzó a desvestirse.

La ropa deportiva empapada de sudor se pegaba desagradablemente a su piel.

Ian, que también se estaba quitando la ropa, lo miró de reojo.

—Te ves muy guapo sin gafas. Y tienes buen cuerpo.

—¿Por qué dices eso de repente…?

—No es de repente. Siempre lo he pensado. Tus gafas ocultan demasiado tu cara.

—Bueno, no puedo simplemente dejar de usarlas. No quiero operarme de la vista, y tampoco podría pagarlo.

—Con solo cambiar la montura ya sería diferente.

—No creo que cambiara mucho.

—¿Qué quieres decir? ¡Claro que cambiaría! ¿Crees que los diseñadores de gafas son idiotas?

—B-bueno… no, pero cuando compré estas me probé otras. Ninguna me quedaba bien.

Continuaron hablando de aquellas trivialidades mientras entraban en las duchas.

Al tratarse de un gimnasio amplio, bien equipado y, por lo tanto, caro, las duchas también eran bastante espaciosas.

Aun así, Jiha odiaba las mamparas de cristal, tan finas y poco cubiertas.

Ojalá fueran un poco más cerradas.

Ocuparon duchas contiguas, abrieron el agua y comenzaron a lavarse.

Las instalaciones eran tan buenas como parecían.

El agua caliente salía de inmediato y la presión era excelente.

Como las instalaciones eran buenas, no sería mala idea inscribirse allí si algún día decidía volver a entrenar. El precio parecía algo más alto que en otros lugares, pero, viendo cómo estaban las cosas, probablemente hasta les harían algún descuento solo por atraer a Ian…

Justo estaba echándose champú en la mano cuando tres hombres entraron juntos a las duchas.

Eran los mismos que habían estado rondando a Ian antes.

Aunque el espacio era amplio, sus enormes cuerpos hacían que pareciera pequeño.

—Ah, aquí estaban. Ian-ssi, ¿todavía no se han ido?

Lo llamaron como si fueran viejos amigos.

Ian estaba cubriéndose el cabello de espuma.

Con el pelo amarillo lleno de jabón y aquella expresión de ojos muy abiertos, Jiha volvió a recordar que Ian era exactamente el tipo de «uke bonito» que solía protagonizar las novelas.

Incluso parecía más joven así.

—Oigan~, qué vergüenza me hacen pasar.

Ian se enjuagó la espuma con total naturalidad mientras tarareaba divertido.

Incluso cuando encogía los hombros fingiendo timidez, sus movimientos resultaban increíblemente coquetos.

Aquello parecía estimular enormemente a los hombres.

Comenzaron a coquetear abiertamente con él, ignorando por completo la presencia de Jiha.

El momento parecía apropiado para marcharse, pero entonces comenzaron conversaciones que no tenían nada que hacer dentro de unas duchas.

Preguntaban si podían ir a comer juntos, qué tipo de comida le gustaba o le decían que tenía un buen cuerpo, aunque estaría mejor con más músculo.

No.

Las duchas no son un lugar para conversar.

Por culpa de aquello, Ian y Jiha apenas podían terminar de lavarse.

Ian seguía echándose agua encima mientras respondía con comentarios coquetos, y Jiha continuaba enjuagándose sin sentido, observando la escena con incredulidad.

—Salir a divertirse suena bien, pero vine acompañado…

—Bah, ese tipo puede captar la indirecta e irse.

«Eso significa que el que debe irse soy yo, ¿verdad?»

Estaba tan estupefacto que ni siquiera pudo reír.

Jiha sabía perfectamente que Ian ya tenía sus propias intenciones, así que había pensado apartarse cuando llegara el momento adecuado.

Y aun así…

Se sentía incómodo.

Aquellos hombres… ¿cómo decirlo?

No parecían precisamente personas muy confiables.

Sí, eran atractivos, pero tenían cierto aire ostentoso y llamativo.

Y, sobre todo, eran tres.

No era un solo hombre intentando ligar con Ian.

Los tres estaban mostrando abiertamente interés en él.

Esto…

No le parecía correcto.

Una imagen apareció en la mente de Jiha.

Algo que normalmente jamás imaginaría.

Pero tratándose de Ian y del mundo original del que provenía, era perfectamente posible.

Una imagen tan indecente que resultaba difícil ponerla en palabras.

Olvidándose por completo de la búsqueda de un Alfa, aquello simplemente le parecía moralmente incorrecto.

Sin embargo, Ian no parecía molesto en absoluto.

De hecho, con las mejillas ligeramente sonrojadas, parecía incluso… expectante.

Si Ian estaba así, ¿debería Jiha marcharse?

Si intervenía, ¿terminaría convirtiéndose realmente en ese padre entrometido que arruina todo?

Le daba vueltas la cabeza.

Cuando las miradas de los hombres se dirigieron hacia él, sintió la presión.

Aquellos ojos decían claramente:

«Lárgate».

Tenía miedo.

Si no desaparecía en un minuto, parecía que estaban dispuestos a usarlo como pesa humana.

Y eso era injusto.

¡Él también necesitaba ducharse!

—¿No es un poco exagerado? Jiha, ¿tú qué piens…?

Ian encogió los hombros, retorciendo el cuerpo y poniendo toda la voz quejumbrosa y juguetona que pudo.

Entonces se detuvo de repente.

Al girarse hacia aquella pausa tan extraña, Jiha vio que el rostro de Ian se había puesto pálido.

¿Qué le pasaba de pronto?

—¿Qué…?

Todos dirigieron la mirada hacia él.

Jiha se dio cuenta de que Ian no estaba mirando los rostros de los hombres.

Su mirada apuntaba más abajo.

Jiha siguió la dirección de sus ojos.

—¡Es tan peque… mmph!

—¡Ay, Dios!

Jiha comprendió inmediatamente hacia dónde iba aquello.

Tan pálido como Ian, le tapó la boca antes de que terminara de hablar y soltó una exclamación torpe.

Los hombres lo miraron como preguntándose qué demonios estaba haciendo.

Si no tenía cuidado, terminarían golpeándolo.

Pero tenía que salvar a Ian de alguna manera.

Ian seguía mirando hacia abajo mientras temblaba.

—Es… demasiado peq… No, quiero decir, ¡acabo de recordar algo! ¡Tengo que entregar una tarea esta tarde y la olvidé por completo!

—¿Y? Entonces vete tú solo y deja de interrumpir.

—¡No es mi tarea, es la de Ian!

—¡Mmph! C-cierto. ¡Jajaja! Lo sentimos, supongo que tendremos que irnos.

Inventando una excusa torpe, Jiha arrastró a Ian fuera de las duchas.

Se secaron a toda prisa, se vistieron apresuradamente y escaparon.

Mientras se marchaban, Ian todavía sonrió torpemente y se despidió con la mano, pero seguía pareciendo afectado.

Y no era para menos.

Aquellos hombres musculosos tenían entre las piernas… auténticas salchichas de Viena.

Por desgracia, la desproporción era impactante y demasiado real, y la imagen se había quedado grabada en la memoria de Jiha.

Si aquello lo había impresionado tanto a él, Ian debía de estar todavía más conmocionado.

Sin necesidad de preguntar, Jiha supo que Ian querría volver directamente a casa, así que lo tomó de la muñeca y se apresuró a regresar.

Ambos se sentían pegajosos e incómodos por no haberse lavado ni secado adecuadamente.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first